Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

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La chica de rojo se fue al .com [Día de mudanza]

www.debilidadesyvicios.comY llegó el día que esperé por un montó de tiempo El día de mudanza.

Esta chica de rojo, de rulos, que lee, escribe y siente se muda a un dominio .com.

Ya son cinco años entre blogspot y wordpress, muchos años de palabras, intensidades, risas y descargas. Llegó el momento de ser una niña grande y mudarme a

www.debilidadesyvicios.com.

¡GRACIAS Totales! Hoy aquí tengo muchísimos seguidores, mucha gente que comenta, espero verlos por el .com.

Nos vemos por aquel lado.

 

 

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Los venezolanos aprendimos la cartilla presidencial por Héctor González

[Héctor González, @Papelon, escribió esto y lo quiero compartir con ustedes]
Por Héctor González.
Decía el maestro Quiroga en su decálogo “No escribas o cuentes bajo el imperio de la emoción…” así que unos días después del revuelo ¿nacional? Causado por el documental “Caracas: ciudad de despedidas” creo un poco más pertinente dar mi opinión (aunque a nadie le importe la misma).
Comenzare por señalar algo que es muy nuestro, más nuestro que la harina pan, que una “reina pepeada” o que un gobierno ineficiente: los venezolanos para bien o para mal somos un pueblo de “opinadores” de oficio. Esto no es un secreto para nadie (aunque cualquier venezolano tenga una opinión al respecto), sin embargo las reacciones públicas derivadas del documental nos muestran algo que estamos descubriendo de nosotros mismos: además de opinar ahora aprendimos a despellejar colectivamente.
Pasamos de ser una sociedad opinadora a ser una sociedad de “cayaperos” (googleese de no entenderse el “juvenil” termino) que ante un intento audiovisual no muy bien logrado, no nos detenemos a pensar en el mensaje que viene detrás y que tanto nos dice de nuestra sociedad sino que desde la seguridad y “responsabilidad” de la masa 2.0 nos deleitamos agrediendo, en muchos casos con humor o ironía, no solo al producto final como pieza audiovisual sino a sus jóvenes protagonistas.
Ser joven en Venezuela en estos momentos es un desafío que no cualquiera quisiera aceptar, el día a día para una persona entre 15 y 27 años llega a ser una lucha por sobrevivir en medio de un mercado laboral que frustra sueños a diario, de una situación de inseguridad que arrebata almas por minuto, de unas condiciones políticas que no presentan un panorama a futuro, de un mundo globalizado que toca la puerta pero que no se atreve a pasar porque se topa con el aviso que reza “cuidado, perro bravo”. Y en el centro de esta cantidad de calamidades y desafíos, entonces además estamos situados en una sociedad que apuesta todas sus fichas en la juventud sin hacer mas nada que “pintarse la cara colora esperanza”.
Lo que estos panas destaparon fue la olla que todos sabían que hervía pero que nadie siquiera volteaba a mirar: la realidad de una ciudad que ha perdido su conciencia colectiva y que centra su dinámica social en responder (a favor o en contra) a caprichos del comandante o en comentar situaciones particulares (que por supuesto duran lo que dura la memoria venezolana). Estos chamos versionaron el “paren el mundo que me quiero bajar” y lo convirtieron en el pegajoso “Yo me iría demasiado”.
Al contexto anterior debemos sumarle entonces un nuevo personaje que constituye “el tipo ideal” de autoridad moral convertida en humano y mito a la vez, si, ese mismo que no pretendo nombrar por aquella vieja costumbre heredada de la película Beetlejuice. Ese que nos ha enseñado al pie de la letra la cartilla de insultos e intolerancia desmedida, que nos ha ayudado a convertirnos en dos bandos separados por un rio que a su vez está lleno de “náufragos” ideológicos que flotan para dejarse llevar por una corriente que NI va al mar NI va a la montaña.
Al final del cuento, como dice Eduardo Sánchez Rugeles en su texto al respecto del documental “De alguna forma, el discurso político triunfó: aprendimos el odio.”, ahora toca “aprender a desaprender” ese odio que está instalado cual garrapata en las zonas mas externas y a su vez profundas de nuestra piel, y trabajar por transformar nuestra cotidianidad, porque así como se aprende se olvida y en eso si que tenemos nosotros bastante experiencia.
Seguro vendrán más “me iría demasiado”, mas caprichos gubernamentales y mas lucha…toca aguantar y seguir siendo sobrevivientes en medio de un rio social que se desborda porque “en caracas llueve demasiado”.

Jueves – La Oreja de Van Gogh

Tengo una semana mal-pegada con este vídeo. Tenía que montarlo aquí. En honor a las víctimas del atentado del 11 de Marzo en Madrid.

Hogar herido

(Poema leído por Hermann Escarrá en el velorio de su hermano
Carlos Escarrá)
Por Marcos Ana
Triste es luchar en una misma casa,
romper la mesa donde el pan se come,
vivir entre paredes, enfrentados
tercamente en un mismo territorio.Y más triste es ser ciego,
sordo al llanto de una madre,
tener un tacto de áspera corteza
para su corazón en carne viva.

Hay que tener los pulsos amarillos,
la sangre sin vertientes, seca el alma,
para dejar oscuros nuestros pechos
sin esa luz urgente que España necesita.

Ni un paso más, hermano:
que no pueda “el ayer” o sus cenizas
sus odios oponer a nuestro encuentro.
porque ni tú ni yo apagamos la lumbre,
ni robamos el pan,
ni dejamos sin techo y sin puertas nuestra Patria.

¿Será que así lo entendemos?

El chiguire bipolar se ha encargado de hacernos entender lo que pasa en el país, pero con tono de humor… Porque las cosas en serio se dicen el broma…

Aquí les dejo una de las cosas que creo que es de las mejores que han realizado.

Somos Hugo y yo. Por Héctor Méndez

Aquí les dejo un post escribo por un buen amigo, Héctor Méndez, en nov de 2008.

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Hablemos claro. Puedes sentarte de ese lado de la mesa, yo me siento de este otro; pero hablemos claro.

Te considero un ser inteligente y perseverante. Lo has demostrado desde que llegaste al poder en 1999. Te considero además un oportunista, porque llegaste justo en el momento en que tu país se ofrecía más vulnerable, cabizbajo, y abriste un camino distinto en el cual creyeron muchísimos venezolanos, casi todos.

Te convertiste en una figura con mucho poder, pero no te fue suficiente y utilizaste todas las que tuviste a tu alcance, para constituir un gobierno dependiente de ti mismo. Lo suficientemente sólido para cubrirte las espaldas con varias personas que brincaron el río y se vistieron de rojo; pero también otros más sinceros y escasos, que creyeron en tu camino y aún están dispuestos a defenderlo a capa y espada.

Después de eso, empezaron a caer las promesas. No te miento, hablemos claro. Dijiste que te ibas a cambiar el nombre si quedaba algún niño en la calle, me prometiste limpiar el Guaire, me prometiste el fin de la corrupción y te aplaudí, el punto final para la pobreza extrema, que ibas a cambiar la realidad del país… y puedo seguir. Pero eso digamos no es lo más “grave”, sino que NO me dijiste que ibas a cerrar un canal porque no pensaba igual que tú, NO me dijiste que ibas a manejar la asamblea y los fondos de dinero a tu gusto, NO me dijiste que ibas a cobrar y a darte el vuelto, NO me dijiste que ibas a dividir en mi país y a proteger a los malandros… NO me dijiste que ibas a hacer lo que te diera la gana. Entonces, como podrás ver, las cuentas no han estado claras.

De eso te culpo: de hacer lo que te dé la gana y de permitir que tu gobierno sea de comiquita, de balurdos, de títeres. No me digas que no, porque tú mismo los hiciste. Son creados por ti y tienen tu conciencia. Ninguno en su sana naturaleza se atrevería a contradecirte.

Te culpo de engañar a muchos venezolanos, quienes se rinden ante tus palabras porque han creído, creen y creerán en ti por mucho tiempo, y tú ahí tranquilo sin cumplirles, preocupándote sólo por quedarte indefinidamente a la cabeza de este país. Y es aquí donde entra el asunto que me desvela, y me permito iniciarlo preguntándote: reelegirte indefinidamente ¿PARA QUÉ?.

¿Para que continúe la desidia de tu gobierno por muchísimo más tiempo?, ¿para cortar eternamente las vías de desarrollo más básicas que tiene una sociedad?, ¿para que te inmacules ante el mismo pueblo que pisoteas?… Me dirás tú que no, que estoy equivocado, que quieres cambiar la constitución para que Venezuela prosiga en su camino revolucionario y de ahí pasarás a decirme que tú, humildemente, te propones como el ser más capaz para llevar las riendas de Venezuela en ese lindo, mejor dicho, bellísimo trecho que hay desde donde aún estamos (a pesar de tus bien ganados 10 años) hasta donde nos esperan unas dulces doncellas socialistas con uvas en la mano y abanicos para echarnos aire… y aquél petróleo por el cielo.

Entonces, propongo no preguntártelo a ti, porque sé DE MEMORIA tu respuesta. Propongo preguntárselo a la señora ama de casa que consigue todo muchísimo más caro para hacer las hallacas, al mecánico que no puede continuar con su taller porque el control cambiario lo deja frito, al señor del kioskito que lo han robado como 4 veces en el año, a la secretaria que tiene que echarle un camión de bolas para llegar sana y salva a Guatire, a los que hacen justicia en este país y no han muerto en el intento, a los de aquél pueblito que sufren día a día las inclemencias del clima y no tienen a nadie quien vele por ellos, a las madres de los chamos que han muerto mientras daban sus primeros pasos en la delincuencia, a los que trabajan en tu gobierno y se quedan callados para no perder su trabajo, en fin… a todos preguntarles ¿PARA QUÉ ACEPTARTE INDEFINIDAMENTE?

Y estoy seguro, no es pesimismo, que habrán muchísimas personas que aplaudirán tus intenciones. Porque también es parte del venezolano hacer lo que le de la gana, porque aún existe muchísima gente que celebra EL PAN DE PIQUITO, porque aún somos inmaduros y preferimos unos riales en vez de seguridad social, porque hay gente que saltaría de felicidad con tu mandato eterno para poder seguir siendo HONGOS DE LA SOCIEDAD. Y a ellos, mis más sinceras palabras de condolencia.

Por eso queda de tu parte decirme cuándo y dónde. Y estoy seguro que nuevamente los venezolanos nos levantaremos tempranito y estaremos en las colas echando vaina y jodiendo, para llegar a las urnas y expresar nuestra voluntad. De hecho, ya hasta le agarré el gustico a las elecciones. También queda de tu parte empezar a comprar conciencias, a volverte loco. Por supuesto, quedará de mi parte ir a la máquina y pulsar NO… una, dos, tres, cuatro veces… LAS QUE QUIERAS, hasta que se dañe la máquina.

Y ese día los venezolanos respiraremos profundo. Tomaremos una bocanada de aire para hablar lo más fuerte posible.

Ese día… hablaremos MUY claro.

Héctor Méndez.

Caracas, más allá de sus problemas… Por Daniela Ruiz

Por Daniela Ruiz @Druizor

Para quienes vivimos en Caracas, cualquier ocasión y cualquier compañía es buena para guindarse a hablar de los insoportables problemas compartidos. Despotricar de nuestra ciudad lamentablemente se ha vuelto un hábito.

Aprovechando la época decembrina y el llamado a la reconciliación, propongo que cambiemos nuestros cristales ahumados y nos tomemos un momento para considerar lo bueno de esta ciudad; la nuestra.

Si bien el abordaje usual es una crónica de “por qué estamos como estamos” según la teoría de algún sociólogo europeo, citando autores de apellidos impronunciables para exponer una solución a nivel urbanístico, quisiera cambiar un poco ese esquema. Principalmente porque considero que aquí no hay expertos en materia: creo que todos los habitantes de Caracas no sólo conocemos la ciudad, también somos parte de ella; todos somos beneficiarios, víctimas o cómplices del  drama citadino y tenemos propiedad para expresarnos al respecto.

¿Quién mejor que el ciudadano de a pie para hablar de Caracas? En otros tiempos me habría ido a una plaza a recoger opiniones de la gente, pero como estamos en pleno siglo XXI, lo que hice fue abrir mi cuenta de Twitter, una red social en la que más de miles de caraqueños compartimos opiniones a diario,  e inicié una discusión pública virtual. Los participantes me permitieron exponerla en este artículo usando sus respectivos seudónimos (son aquellos que vienen precedidos de un “@” ej. @PedroPerez).Es así como entre diversas opiniones y sentimientos recurrentes, en los 140 caracteres que permite  Twitter recordamos juntos las razones para reconciliarnos con Caracas.

Se sufre pero se goza

A pesar de los comentarios como el de @LaDivinaDiva, quien nos aseguró (un poco en broma, un poco en serio) que seguía en Caracas porque “no le han ofrecido trabajo en New York City”, muchos de nosotros tenemos que admitir que si realmente quisiéramos podríamos irnos, bien al exterior o por lo menos a alguna ciudad tranquila del interior del país. Si seguimos en Caracas es porque, como dice @YimmiCastillo, “realmente no es tan mala”.

Les aseguro que para muchos el irse al interior ni siquiera es una opción. Y es que esa creencia de los hombres de la antigüedad de que vivir en la ciudad es vivir ante los ojos de Dios persiste hasta nuestros días. Con nuestros propios dioses modernos, claro está, pero persiste. Por eso lo demás es “monte y culebra”.

Más allá de esa razón fundamental, muchos de los que participaban en la discusión tuvieron dificultades para puntualizar qué los une a Caracas. Como sabiamente lo supo expresar @ChachoUCV: “todas las maravillas y desventuras de Caracas no caben en 140 caracteres”. Tiene razón, las posibilidades son infinitas. La misma concentración que aparentemente trae tantos problemas, permite la interacción de diversos grupos y actores, creando un valor agregado a la vida urbana; aquí hay de todo.

Como me comentaba @edgarmanuel, en Caracas está “la gente de mas real, los que tocan música en la calle, los que exponen un drama en transporte público” y los kioscos pueden vender “hasta regalos del día de la madre”. Adicionalmente, la dialéctica ciudad-individuo hace de Caracas una realidad inagotable, renovada a cada instante, impredecible. Así tenemos, en palabras de @meleciop, una ciudad “vibrante, metamórfica, multifacética, alternativa, diversa”

La noción intuitiva de que el potencial de la ciudad no está en su infraestructura se reflejó en la discusión, en la que curiosamente nadie mencionó ningún monumento, calle o plaza en particular. Coincidimos en que no son tanto los espacios los que hacen ciudad, sino las personas que se apropian de los espacios; que se sientan en sus plazas y caminan sus calles. No es lo mismo el boulevard camino a la parada, que el boulevard que recorriste de la mano con tu pareja cuando empezaron a salir, o la esquina en la que te encontraste a un amigo que tenías años sin ver. Suena anacrónico, pero son esas pequeñas cosas las que nos salvan de nuestras soledades y le dan un sentido íntimo a nuestra experiencia de ciudad.

En el caso de Caracas, el gran depositario de nuestras añoranzas es el Ávila. El cerro que sirve de fondo al escenario urbano no es visto sólo como un lugar de esparcimiento, sino como una presencia constante en la ciudad entera que nos transmite la paz de la naturaleza en medio del ajetreo citadino. Quienes vivimos en Caracas nos conectamos con el Ávila en un anhelo de armonía.

Elementos como el clima, la variedad gastronómica, el metro y el metrobús también surgieron en la discusión, pero más que exponer la agenda cultural y de entretenimiento, los invito a que si aún no tienen su propia selección de pequeños goces citadinos, salgan a descubrirlo. Diciembre es un buen momento para probar cosas nuevas.

Hagamos ciudad

En Caracas se puede estar tranquilo y, cómo no, ser feliz. Sus problemas pueden ser resueltos. Al fin y al cabo la ciudad es la manifestación de lo que sus habitantes piensan y de cómo se comportan, y mejorará en la medida que seamos mejores ciudadanos. Las cosas pueden cambiar para mejor y Caracas, más que ninguna otra, es una ciudad de oportunidades.

Como haríamos en un momento difícil con nuestra pareja, en vez de pensar en los problemas, recordemos por qué estamos aquí en primer lugar. Pensemos en las cosas buenas. Ahora, desde la experiencia inigualable de vivir en Caracas y con la vista puesta en un futuro lleno de posibilidades, hagamos ciudad.

El Muro Criollo// Yon Goicoechea

Otro artículo prestado, porque aquí puede escribir todo aquel que diga: “las cosas como son”.

 

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El Muro Criollo
Yon Goicoechea
Opinión / El Universal

Luego de meter la pata, entendí que estaba equivocado en el direccionamiento de mi discurso político de las últimas semanas. En efecto, tanto en público como en privado, he dedicado cerca del 60% de mi tiempo al debate relativo a los métodos de selección de candidatos a la Asamblea Nacional

Recientemente almorcé con un amigo que tenía años sin ver. El pana es abogado y tiene 25 años, lamentablemente engrosa la lista de desocupados del país porque no ha conseguido trabajo en su profesión. Mientras nos poníamos en autos, le conté que estaba dedicado a “conseguir el método adecuado para escoger los candidatos a la AN” y dediqué unos minutos a exponer mi visión sobre el tema. Su respuesta fue simple: “ustedes los políticos si pierden tiempo en pistoladas”.

Yo sé bien que la unidad no es una pistolada, pero la respuesta de mi amigo me hizo entender, que para un chamo sin trabajo, de 25 años, el discurso de la unidad es totalmente ajeno e insuficiente. Al final, su problema es otro, su vida está dedicada a otra cosa y en el método no hay ni una sola propuesta que solucione el fondo. Es decir, como discurso político, la unidad, no inspira sino a los convencidísimos.

Si esto es así, unidos o no, no ganaremos. La mayoría se construye proponiendo soluciones a los problemas de la mayoría y estos están ubicados en el mundo de lo social y, en segundo lugar, de las libertades públicas. Estos son los problemas reales y no los que nuestros egos construyen.

Sorprende que, muchos políticos y medios de comunicación, caigamos en este error reiterativo. Los primeros, pensando que los intereses del país político son iguales a los del gran país y los segundos, pensando en ratings y números. La noticia política siempre vende más en la clase media, quienes son los mayores consumidores de los medios de oposición.

Muchos vivimos en el gueto, el gueto tiene tiendas, casas y hasta alcaldes, pero es un gueto al fin. Derribemos nuestro muro de Berlín.

Disculpa, una pregunta por favor.

Otro artículo prestado de mis amigos, porque creo que es bueno que nos lean, aunque pensamos diferente.

Este lo escribió mi gran amigo Rafael Bello, espero que lo disfruten.

——

¿Y qué nos queda a nosotros? A los que diferimos de los que gobiernan por su ineficiencia, falta de preparación yGatito-pregunton-en-postal-divertida-para-realizar-una-pregunta_103022propensión a la corrupción, por no incluir los calificativos que algunos más radicales pudieran dar y con los que probablemente esté en total desacuerdo. ¿Qué nos queda a nosotros? Los que no nos sentimos representados por la “oposición” o “alternativa democrática” y peor aún los que ni siquiera nos sentimos incluidos entre ellos por las mismas razones antes mencionada y por una que frente a cada elección se hace evidente: el poder como meta y no como medio para lograr transformaciones positivas. Menuda diferencia, ¿no creen?.

Quisiera que para todos nosotros quedara la posibilidad de trabajar en este país con una esperanza real de poder progresar y hacer una familia en condiciones estables, debería quedarnos la oportunidad de vivir tranquilos sabiendo que en Venezuela no se roba porque todos tenemos lo que merecemos, quisiera tener, más allá que una lista infinita de actores de reparto a los que hoy se les da el papel de candidatos a la A.N., un grupo de líderes que cumplan con requisitos como: honestidad transparencia, preparación, gestión y madurez por nombrar sólo algunos, que me den la seguridad que mi voto al fin será una buena inversión. Estoy seguro que contamos con la juventud, dignos representantes de una generación que levantaron la mirada al país y se permitieron soñar en grande.

Es por eso que manifiesto mi apoyo a una iniciativa de la que se habla mucho: Las Primarias, y explico brevemente el por qué. Sencillamente permite a los nuevos liderazgos, independientes o no, medir sus niveles de aceptación en la sociedad, nos permite a los electores dejar claro que votaremos por el mejor, no por el menos malo y por último, es una herramienta metodológica que le cae como anillo al dedo a la inmadurez política de aquellos que profesan dar “sus mayores esfuerzos por recuperar la democracia en Venezuela” y buscan en cada proceso electoral una cuota de poder, aquellos que promueven un consenso a puerta cerrada.

Finalmente, mi invitación es a pasar de la preocupación a la ocupación. Eso es, en definitiva, lo que nos queda a nosotros los que soñamos con un parlamento lleno de líderes que busquen darle a Venezuela un rumbo democrático. Los que soñamos un país de oportunidades infinitas.

Rafael Bello.

Desde la juventud

Como yo prefiero pedir perdón antes que pedir permiso, decidí tomarme la molestia de compartir con ustedes, mis lectores, este artículo que está bien interesante viniendo de un joven en un partido.

Espero sus comentarios…

Desde la Juventud


Hay muchos líderes y muchas palabras. Muchos mensajes y mucha foto, pero poco entusiasmo y poco apego a los principios y valores reales, al verdadero trabajo en equipo y a la preparación por un futuro mejor. El personalismo acaba con la esperanza de ver un liderazgo nuevo. Las máscaras de plataformas unitarias, que con un respaldo económico suficiente para pregonar el anti partidismo, exterminan los focos de credibilidad ante unas instituciones políticas que han sufrido el golpe subdesarrollado del descrédito popular, muy a costillas de errores que nada tienen que ver con las generaciones que hoy representamos a Venezuela en sus luchas reivindicativas.

Cómo decía una señora muy entrada en años en un zonal de la mesa democrática que hubo hace algunos días en Cantaura: “ahora hay unos grupitos que quieren hablar como los partidos políticos, vestirse como los partidos políticos, tener sede como los partidos políticos, mandar a votar en tarjetas como los partidos políticos, criticar a los demás partidos políticos, pero no quieren ser ni estar en partidos políticos: ahora sí nos resolvimos”. Triste realidad, eso es un mal ejemplo que está en la palestra para el movimiento estudiantil que cree que instituciones fuertes construyen países fuertes, como sucede en los países desarrollados pues, así de simple.

Por ahí truenan vientos de cambio, brisas que llaman a una nueva labor que debemos emprender para transformar las prácticas de hacer política, y esa es la acción ante la denuncia y la constancia con una frase positiva. Es difícil mantener el optimismo mientras hay presos y perseguidos políticos, aunque seamos sinceros y consideremos que es más peligroso salir de su casa a las siete de la noche, que apoyar una actividad de reclamo a la desidia en materia de SALUD, ELECTRICIDAD, AGUA, BASURA Y VIALIDAD.

O salimos todos(as) a darle la cara al país, o en la próxima huelga de hambre del estudiantado, pueden salir varios muertos. Ni Dios lo quiera, encomiendo a mis compañeros a la Virgen del Valle y a San Antonio de Padua, pero sinceramente o los zapateros van a atender a sus zapatos o este país se lo termina de llevar el diablo a quien saben dónde. Los trabajadores atiendan su sindicato, los estudiantes ganen sus federaciones como siempre, los maestros peleen por las imposiciones de la LOE y los padres y representantes cuiden a sus muchachos que nadie parió de gratis. A mis amigos concejales y diputados, en todas las esferas de poder, armen su zaperoco respectivo: el gobierno le tiene pánico a nuestras propuestas legislativas porque son más viables que regalar al exterior el Coquer y el Azufre de Pdvsa que está dañando pulmones criollos en Anzoátegui.

Los alcaldes y gobernadores de oposición, con todo lo cuesta arriba de su gestión, mantienen un trabajo eficiente en sus zonas. La gente debe canalizar eso completamente. Son organizaciones fuertes las que necesitamos para cambiarle el rostro a la desidia pública que el gobierno construyó en el país. ¿Cómo tenemos toldas políticas ejemplares si nos dedicamos a caerle a palos a cuanto dirigente y partido diga algo en la prensa o haga una actividad en las calles? Ahí se las dejo.

Ángel Arellano
asearellano@yahoo.es

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