Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

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De las falt(d)as de ellas

1

“Comienza por explicarme cuál fue tu motivo para subirme la falda”

Mejor “dime cuál fue tu estrategia para abrirme las piernas”. – No, nada queda bien, todo mal. Nosotros quedábamos bien, solo faltaba eso, el “nosotros” y sobraba algo, sobraba mi falda.

Saldo del día: 3 carros chocados, una falda menos, mis pantaletas en tu gaveta.

7

Virginia no creía en el amor más allá de la cama. Estaba convencida de que nunca pasaría más allá de una intensidad marcada por el tequila (o la tequila, como sea). A ‘A” no me gustaban las explicaciones, dañaba la magia del instante y el misterio del momento. Ella prefería llamarnos por la primera letra de su segundo nombre o su segundo apellido. Era mucho más sencillo no perder la cabeza cuando la necesitaba para recordar al de turno, después de alguna borrachera.

Saldo: 1 litro de café en la sangres, tres pastillas para la cabeza, zapatos escondidos en el desorden. Una hoja blanca para trazar algunas líneas.

3

Camila soñaba con sus días sin faldas. No tenía faldas desde hace 5 meses. Para ella “las faldas son sensuales y siempre sugieren, nunca sabes qué habrá debajo. Sin fáciles de subir, y el túnel de mis piernas puede ser atravesado solo por el que yo escoja”. Sus días se iban en buscar la falt(d)a perfecta para escaparse cuando menos lo esperaba.

Saldo: tres faldas nuevas, cuatro perdidas en cuartos de la ciudad, dos tequilas, un vodka.

6

Todas  pensaban que eventualmente se cruzarían con alguien que hubiese atravesado todos aquellos túneles.

De casualidades, de eso vivían, aquellas mujeres.

Una no-intensidad

Era mucho más sencillo que se encontraran en un café o se tomaran unas cervezas, pero parecía que aquella tarea no podría ser cumplida. Las ocupaciones de ambos los llevaban a alejarse cada vez más. Un día se cruzaron y ella, sin pensarlo, soltó todo lo que tenía en la garganta sin importarle si su reacción -la de él- sería buena o mala.

Obviamente estoy molesta contigo. No, la molestia no es porque esto terminó o nunca empezó, la molestia es porque contigo no tuve intensidad posible que me permitiera desahogar eso que no-fue, en las no-letras que nunca escribí. Cuando pensaba que todo pasaba, llegaste tú con tus besos en lugares inapropiados, con las ganas de romper las reglas impuestas por otros, con tu sonrisa de cómplice entre cervezas y con una amistad de esas que “no quiero dañar”. Llegaste con tus ganas de días completos sin conexión, de karmas que no se ejecutan y de cielos místicos dibujados por mi. Mi molestia es que te fuiste del lugar en el que nunca estuviste, sin pensarlo, sin explicaciones, sin un último beso… Y como dicen por ahí “sin un último polvo”. Que la necesidad de ti se hizo grande cuando descubrí que esos labios no volvería a estar sobre los míos, cuando dejamos de estar y de no-estar.

Claro, ¿Cómo no voy a estar molesta si un día estás bien y otro desapareces? ¿Si un día me pides besos y luego ni contestas mis mensajes? ¿Cómo no quieres que me moleste y que sienta inmensas ganas de golpearte… Y luego de besarte? Claro, para mi es sencillo porque siempre hubo reglas claras, el juego nunca se salió de mis manos o de las tuyas, o no lo sé. Pero mi molestia es ¿Cómo te gusto locamente un día y cómo puedes ignorarlo todo al día siguiente? No es un tema intenso sentimental, por ti no lloré, no bebí, no fumé. No sé si quiero un “nosotros”, pero quiero un cuento, unas risas, un lo-que-sea, quiero un por qué… O al menos un café.

Él, la miró sin nada que decir, no era posible articular palabras después de aquello. Lo único posible revivir una de las primeras escenas de toda aquella no-relación que habían establecido en donde ambos sabían que habían cruzado las líneas de lo que no se supone. Miró al cielo y notó que comenzaría a llover en cualquier momento, observó su reloj -se le hacía tarde para una cita-, la pegó contra la pared y la besó. Justo en ese instante comenzó a llover como nunca en aquel lugar.

Luego de unos minutos ambos hicieron silencio, se vieron a los ojos y entendieron que todo aquello no sería posible, pero que tampoco lo sería alejarse del todo de aquella no-relación que habían mantenido secretamente en sus mentes desde hace ya varios años. Hubo una despedida silenciosa y no dolorosa.

El cielo aclaró cuando comenzaron a caminar, cada uno en dirección opuesta tal como ocurría en sus vidas.

¿Qué es Lo Nuestro? – La tregua, Mario Benedetti

“Pero, en definitiva, ¿qué es Lo Nuestro? Por ahora, al menos, es una especie de complicidad frente a otros, un secreto compartido, un pacto unilateral. Naturalmente, esto no es una aventura, ni un programa ni -menos que menos- un noviazgo. Sin embargo, es algo más que una amistad. Lo peor (¿o lo mejor?) es que ella se encuentra muy cómoda en esta indefinición. Me habla con toda confianza, con todo humor, creo que hasta con cariño.”La tregua, Mario Benedetti

Licencia para mi cuerpo

Si me preguntaran qué quiero diría, sin dudarlo, que quiero darte una licencia para mi cuerpo con derecho de entrada permatente a los paréntesis de mis piernas, donde tiempo se desdibuja del lienzo de mi espalda. Un encuentro de espacios donde el sudor sea el responsable de las fusiones más perfectas.

Una licencia para que tus manos, con plena libertad de expresión, serían capaces de jugar con las pequeñas montañas de mi pecho y serían días de no despertar, solo disfrutar. Una licencia de mi cuerpo, para ti con ganas de mi. Para mi, con deseo de ti.

Una tinta, la de mi piel, que entre juegos de paréntesis y puntos, escriba una historia que entrelace sonrisas, dramas y fluidos.

Y si me pides que te de la licencia, buscaré el momento perfecto para entregártela justo cuando menos lo esperes. Y si decides que ahora no es el momento, deberás saber que aunque haya otros en el camino esta licencia que ahora te describo será solo para ti, con libres accesos.

Caracas, en tu noche

Se hace intransitable aquella ciudad de antiguos techos rojos. Se siente tenebrosa cuando el sol, por miedo, decide marcharse temprano a otro lado del mundo. Caminar, tranquila, dejó de ser una opción desde que las estadísticas dejaron de ser números y sensación para convertirse en el amigo, el vecino o él mismo.

Cuando llega la luna y las pocas luches que alumbran son las de las estrellas, el miedo sale a caminar de la mano de la violencia. El día se acaba cuando sales de la oficina y correr a tu Caracas de nochecasa. Ser joven se transformó en una actividad extrema donde, incluso, los planes en una casa pueden ser increíblemente peligrosos. Caminar en el metro genera sensación de película de acción. Caracas no es la ciudad de la furia de Cerati, la Caracas que muerde de Héctor Torres o la del retrovisor que retrata Ángel Zambrano. Caracas, la de antes, ya no es la misma.

La vives, la respires, la sientes. No queda de otra cuando irte no es parte del plan y tampoco es una opción, no por falta de dinero sino por amor. Aunque, como todo, ese amor también tiene un límite y llega el instante en el que la relación se hace insostenible y que el quiebre se hizo y no hay retorno al punto de inicio. Es ese momento, justo ese instante, en el que descubres que seguir peleando contra algo irreparable no tiene sentido. Tu y yo ya no somos compatibles y pelearme contigo no es una opción, es mejor retirarme antes de que algo peor ocurra. Es que no se puede seguir con el juego del miedo.

Las balas esta noche saldrán a buscar refugio en nuevos cueros de inocentes o culpables. Todo se iguala cuando, sin ropa, los difuntos en la calle se cruzan sin reproches, sus sangres corriendo los unen y los hacen parte de un número macabro que ahora se llama muerte. Sabes que la vaina está grave cuando te imaginas destruyendo. Pero sabes que oculta, entre sombras, la Caracas que quieres se esconde y por ahora no saldrá. El trabajo será descubrir su escondite y sacarla de ahí.

Una no-carta

A ti no tengo por qué escribirte una carta de amor porque estoy no es una lovestory. No debo, ni remotamente, pensar que te puedo extrañar, que contigo puedo hablar o que de ti me puedo enamorar. Muchísimo menos puedo sentir que te enamoraste de mi. Eso no pasa. Eres mi no-historia, mi no-cuento, mi no-realidad y por eso no te escribo una carta, te escribo una no-carta. No eres mi no constante. En mi vida no eres más que una no-situación, un nodebiópasarjamás o tal vez un esperoquevuelvaapasar.

A ti no tengo porque decirte que te quiero y mucho menos que te sueño. Eres mi no.

Entenderlo es sencillo. Somos el no-ser del que los filósofos del pasado tanto hablar, esa no-realidad que hacer ahora no había comprendido. Eres mi no-identidad, mi no-intensidad, mi mensaje cambiante y mis no-ganas de pensarte. Eres mi no-post, ese que quise pero nunca llegó. Eres, por primera vez, mi no-escrito. Mi no-texto. Eres esa no-piel que muero por volver a todas y esos no-labios que espero me vuelvan a besar.

Eres eso que, con la práctica de los años, he aprendido a manejar- Tu el amigo, tu el confidente, tu el que nomevaapararjamás. Yo la amiga, la que escucha, la que ojalámepareunratomás. Eres mi no-estar, mi no-querer llamar.

Eres el mensaje que borre, el pensamiento que suprimo. Eres mi no-historia de no-acabar y por esto hoy no te escribo estas palabras que seguro no leerás.

(Y los dos sabremos, cuando el día termine, que esto es para ti, mi carta no cursi e intensa…)

La chica de rojo se fue al .com [Día de mudanza]

www.debilidadesyvicios.comY llegó el día que esperé por un montó de tiempo El día de mudanza.

Esta chica de rojo, de rulos, que lee, escribe y siente se muda a un dominio .com.

Ya son cinco años entre blogspot y wordpress, muchos años de palabras, intensidades, risas y descargas. Llegó el momento de ser una niña grande y mudarme a

www.debilidadesyvicios.com.

¡GRACIAS Totales! Hoy aquí tengo muchísimos seguidores, mucha gente que comenta, espero verlos por el .com.

Nos vemos por aquel lado.

 

 

Hasta que la…

No estoy en una relación y tampoco quiero estarlo, esas fueron las últimas palabras que Miranda escuchó en alquel frío cuarto en el que hablaba con Leandro.

– Yo tampoco estoy en una, pero iba a una o por lo menos eso me pintaste. No soporto estar en este lugar, será mejor que me vaya.

Miranda tomó su cartera, su sombrilla y salió de aquel lugar. Se montó en su carro y partió. Leandro quedó sentado en un pasillo sin entender qué había hecho, cómo había llegado a aquel extremo de mentira. Sabía que Miranda no era tonta y que estaba enterada de toda la verdad.

Aquella noche, el frío reinaba en la ciudad. Después de un día de lluvia el cielo estaba tan despejado que contar las estrellas con los dedos era posible. Rodó sin rumbo para sentarse en una desolada plaza a las afuera de la ciudad. Secó sus lágrimas y escribió.

Unas semanas después se cruzó con Leandro y su “amiga”. Tomados de la mano, paseando por las calles de aquella ciudad que la hacía feliz. En ese momento ella no supo cómo reaccionar. Hubiese sido más sencillo cruzar la calle y no mirarlos. Recordó que en algún momento alguien le dijo que el mejor acuerdo era el que se hacía entre dos personas que acordaban mirarse en silencio y no saludarse; pero ellos no tenían ningún acuerdo. Él nunca había sido lo suficientemente valiente como para sentarse a hablar con ella.

Sin embargo, lo más sencillo para ella nunca fue una opción. Caminó directamente hacia ellos y los saludo:

– Caramba, sospechaba que eventualmente esta pequeña ciudad nos cruzaría en cualquiera de sus esquinas solo que no pensé que ocurriera tan pronto y con tanto romanticismo barato. Todo indica que su “no estar en una relación” cambió en el instante en el que abandoné la habitación.

– Esto no es…

– ¡No! Sí es, y me parece una ridiculez mayor de su parte mentirle descaradamente en la cara a esta nueva niña presa de sus redes retóricas y sus encantos sacados de las malas interpretaciones de Benedetti, Girondo o cualquier otro poeta reconocido. Es lo que parece, y lo que parece es ser una gran mentira, de esas que caminan por las calles porque nada esperan a cambio. Usted amigo está casado, casado con usted y con su egoísmo. Usted, con esta niña a la que lleva a todos lados está “empatadísimo”. A mi no me importa, esto no es un desahogo que busca llamar su atención, esto no es más que una necesidad intrínsica de sacar de mi todo aquello que me hizo daño en algún momento. Prefiero convertirlo todo en un escándalo y no en un cáncer o algo peor.

– No entiendo Leandro ¿Quién es ella?

– No siento que necesitemos presentación. Yo seguiré mi camino querida. Interpretaba un papel de algún mal guión de una obra de teatro barata en la que se convirtió mi vida por unos meses. Espero que lo de ustedes sea una producción millonaria digna de premios de la Academia, de esos que terminan en un Happy ever afer. Usted, querido, por favor siga su camino, no tengo más que decir.

Con la mirada hacia el suelo y sin encontrar palabras para explicarle a su “amiga” aquella incómoda situación, Leandro caminó desorientado durante horas. Esos recuerdos, ese día, esas palabras eran las que había evitado durante semanas y esa ciudad, SU ciudad les jugó de tal manera que los cruzó a las 5.30 p.m. en la calle por donde solían caminar agarrados de mano.

Miranda caminó feliz, se sentía tranquila, segura, confianda. Se despidó con una frase que pasó por su cabeza “Que sean felices por siempre, hasta que la próxima los separe”.

Si yo fuese – la historia de Camila

Aquella mañana Camila se había despertado segura de que el tiempo no se había detenido en ningún momento. Un mes, un 22, todo comenzaba otra vez.

Un mes desde su llegada, que extrañamente fue un 22, Camila no dejaba de pensar en todas aquellas cosas que jamás cerró: relaciones, la puerta del garaje y la llave de paso del lavamanos. A ella no le gustaba ese número, tenía una sensación kabalística respecto a esa fecha, a ese número en los DNI, en los teléfonos. Eran simples rarezas que la caracterizaban y la catalogaban como la loca del grupo.

Sus clases comenzarían pronto. Atrás habían quedado sus historias de pasado: D con D de Diciembre, M con M de Mentira, A con A de Amigo. Podría hacer un diccionario, una historia, una guía porque tenía en su lista casi todas las letras del Abecedario.

Una tarde fría, como esas que extrañamente sintió en Caracas mientras estuvo allá, se decidió a explorar los alredores de la cuadra. Disfrutaba la ropa de invierno así que escogió su ropa, se vistió, guardó en su cartera un cuaderno, un lápiz y “Conversaciones con Woody Allen”. Salió a caminar.

Una cuadra más tarde consiguió un lugar que la hechizó. Un pequeño café con aspecto desordenado. Era de esos lugares en los que parece que nada combina, pero donde todo está dispuesto con un orden casi perfecto creando una armonía única entendida por pocos. “Cata de Caffé” se leía en la entrada, una mesa libre justo al lado de la ventana -así como a ella le gustaba-. Entró, se sentó, pidió un caffé.

Una muchacha simpática, con aspecto rockero, un tatuaje en el brazo ‘todo fluye’, la atendió y le comentó que la cata sería a las 5 de la tarde. Eran las 2 pm, a Camila no le importó. Le dijo, en tono suave, que estaría escribiendo un rato.

Camila, con su caffé en mano, sacó su cuaderno y escribió algo que le daba vueltas por la cabeza desde hace ya bastantes días:

Si yo fuese

Si yo fuese Hannah, tu sería Martin. Escribiríamos cartas intelectuales y serían la base de nuestras teoría. Pero ni yo soy Hanna, ni tu eres Martin.

Si yo fuese Gala y tu fueses Salvador, el mundo vendría con colores y formas para los dos. Pero yo no soy Gala y a ti Salvador te queda grande.

Si yo fuese Penélope y tu fueses Javier, estaríamos por grabar alguna película con Woody, pero ya es tarde. Yo a él lo quiero más.

Si yo fuese yo, sería más valiente… Pero no soy yo y ya aprendí a no quererte.

Tu fueses tu, tendríamos alguna conversación incoherente. Pero tu tienes los pies cerca de la cierra. No hay rinocerontes en tu mente.

Si yo fuese extranjera, estaría de vuelta en mi planeta. Tu no me hubieses visto, y la cuerda seguiría suelta.

Hay tantas cosas que pudiese escribirir si quisiera ponerme en plan de What If, pero escribir(te) no me hace feliz.

Aquella noche, en medio de tazas de café, libros y lápices, un caballero se acerco a su mesa y preguntó si podía sentarse. Camila le contestó:

“Es usted muy amable caballero. Sin embargo, debo informarle que he decido pasar un tiempo sola conmigo. He cargado tantas historias y he pasado por tantas camas, que aún no encuentro la mía. Es momento de ver quién es Camila”

El caballero contestó: Camila, hermoso nombre. Estaré en la barra, en caso de que cambie usted de opinión.

No me defraudes

Hola,

He pensado muchas veces cómo escribirte esto. He tardado bastante en hacerlo, lo sé. También sé que no lo esperas. Tengo algo que confesarte.

Hace meses, en realidad años he sentido algo grande, a veces te lo demuestro. Otras no tanto. Pero después de verte el domingo no entiendo cómo no había tenido la musa real para escribirte. Tranquilo, sé que no me viste, tampoco quería que me vieras.

Estabas ahí, perfecto como siempre, como te recordaba, como te soñaba. Yo estaba también ahí, temblando, sudando, desearte verte, poder gritar de alegría. Celebrar. Siempre he sido apasionada y eso me ha roto el corazón tantas veces que decirlo solo haría que estas palabras se transformaran en un cliché sinsentido de esos que odio leer. Hoy te estoy apostando a ti. No me defraudes.

He dejado ya muchas cosas atrás, estás en mis planes a futuro y sé que yo estoy en los tuyos. Hemos cambiado, hemos crecido, hemos madurado. Ya no somos los mismos, no los de hace años, no los de hace meses. Cada día nos sentimos más, cada día te pienso más y deseo que llegue el día de ir a verte, sin que tu te enteres.

Este domingo nos veremos nuevamente, por noventa minutos. Esos noventa que me han hecho olvidar que afuera hay un mundo que gira, una Caracas que no espera, una vida que continúa. Noventa minutos que ya nadie me podrá quitar porque tu estás en mi vida como las cosas más importantes. Quiero que sea domingo para ponerme los colores de la vida y correr a alentarte.

Mi rojo querido, mi locura, mi pasión, nos vemos el domingo. No me defraudes.

L.

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