Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

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De esto va aquello de “querer a un país”

Domingo 7 de octubre de 2012, Caracas – Venezuela, 4:30 am.

“Hoy es el día más importante de vida, no el de mi boda papá ni el de mi graduación, es este. Este día es el día en el que se define mi futuro, el tuyo, el de mi sobrino”, eso le dije a mi papá mientras me tomaba el primer café de la mañana y veía cómo comenzaba a aclarar la mañana en Venezuela.

“Es primera vez, mami, que nos despertamos a votar y suena una de nuestras canciones, escucha y canta conmigo ‘cada vez son miles y miles y miles’, esto es señal que algo bueno está pasando”. Esto le comenté a mi mamá mientras esperábamos que mi hermano terminara de arreglarse.

“:) Buenooos díaas, que desgracia tener que esperar hasta las 6 am para ir a votar, pero que brutal que acá se escucha una de las canciones de Capriles, de nosotros. Te pegaré un grito en cualquier momento, te aviso cuando llegué a donde me toca trabajar” Algo así le dije a Johann, mi amigo inseparable de elecciones y luchas universitarias desde el 2009.

Caracas, 12 de octubre 2012, Caracas-Venezuela, 10.15pm.

Estas eran mis emociones en la madrugada del 7 de octubre. Me levanté, con una sonrisa, con olor a esperanza. Me puse mi camisa “Venezuela, votar está de moda”, la tenía en la gaveta desde noviembre del 2011, me la hiceron para usarla ese día. Agarré mi acreditación y bajé a votar con la mejor de mis sonrisas. Estaba confiada, teníamos todo lo que necesitábamos -o eso pensé-. Al llegar al centro vi una cola inmesa, solo la había visto en 2003  y ahora, confirmé que aquí la gente vota cuando la presidencia está en juego.

Llegué con una sonrisa a mi mesa, no tenía ganas de pelear con nadie, solo quería poner mi dedo en la cara de Capriles, pedirle a Dios y a mis abuelos e irme a trabajar. Eso hice. Voté con mi canción en la cabeza, revisé emocionada la papeleta y por primera vez no tuve miedo delante de la máquina.

Ese día hablé durante casi todo el día con esas personas que me dan fuerza. Sabía en qué sala y en qué lugar estaban todos esos amigos y compañeros que durante años han estado a mi lado en elecciones. Son 7 años trabajando, son 6 elecciones, son muchos amigos encontrados. Sumar a esta gente a mi vida es de las mejores ganancias de estos años.

Tempranito nos pasamos mails, nos escribimos por Facebook, nos enviamos bendiciones, abrazos y buenas energías. Vi al Rafa al llegar al teatro Chacao, me sentí tranquila al saber que él estaría ahí. Vi a Bernardo a lo lejos, a David, gente con la que he trabajado y en la que confío, amigos que sé que como yo están aquí para cambiar el país y no para pelearse por un cargo.

El día pasó, los reportes iban y venían, las denuncias, los mensajes. Mi comunicación constante con mis jefes y amigos (gracias a los 3) me daba confianza a seguir paso a paso mi trabajo, ellos confiaban en mi, ellos sabía que mi trabajo de años tenía que rendir frutos, ellos fueron parte de mi apoyo durante el día.

Mi hermano, quién le hizo fotos a Capriles, se fue con Pedro y Caps a entregar unas fotos y hablé con ellos, les sonreí, les dije que sería un día histórico que íbamos bien. En sus miradas había esperanza, tranquilidad, confianza de que esta vez sí estábamos bien.

Por unos minutos sentimos la felicidad, la esperanza, el amanecer, la mañana que aclara, las ganas de seguir aquí. Por unos minutos sentimos a una Venezuela despertar y decir “quiero progreso”. En mi sala me tocó trabajar con chamos de 21-23 años, chamos que -como mi hermano- estaban a punto de vivir su primera gran decepción en una elección nacional para la que trabajaron. Yo ya llevo 3, creo que he aprendido, como leí por ahí “uno llega a saber a manejar esas cosas.”

En media hora dejé de hablar con todos los que me escribían, solo hablaba con Johann, no contestaba llamadas y a mi mamá solo le decía “mami, tranquila”. Los rostros y las órdenes cambiaron. Opté por ponerme mis audífonos, escuchar Masseratti y jugar uno de esos juegos de mi iPhone.

Hablé con Isaac B y le dije que -como le había dicho semanas atrás- no estaba lista para una decepción, que no tenía idea de lo que pasaba pero que me lo imaginaba. Dejé de contestarle, necesitaba fingir demencia, distraerme con cuentos de elecciones pasadas y para eso estaba mi amigo J.

A las 8.15 pm la coordinadora de mi sala me puso la mano en el hombro, en ese momento supe lo que estaba pasando y escribí un mensaje en la compu que pegué en todos los chats que tenía abiertos y mandé los DM’s correspondientes: “perdimos, es oficial”. Tragué profundo, no podía ni quería derrumbarme delante de gente que en un solo día se habían convertido en mis amigos, mis nenés de lucha, los chamos a los que se les tiene que dar fuerzas.

Cuando escuchamos a Tibisay solo podía pensar en qué decirle a mi mamá que creía en Capriles y en un cambio, cómo explicarle a mi sobrino que no lo hicimos todo, cómo le decía a Santiago que probablemente tendría que irse a jugar fútbol en otro país, cómo le explicaba a mis amigos que Venezuela acaba de decirnos “tenemos que hablar”.

Subí al teatro a escuchar a Capriles, las lágrimas corrían por los rostros agotados de personas que durante meses habían dormido poco porque la campaña era la prioridad. Era impresionante. Salió el flaco con ese temple que lo caracteriza a decirnos a más de 6 millones de personas “aquí quien perdió fui yo, no ustedes”. Al terminar sonó “está aclarando la mañana en Venezuela”. Los camarógrafos y periodistas al terminar la rueda de prensa comenzaron a llorar, todos los rostros tenían la misma dirección “ninguna, por los momentos”.

Llegué a la casa de mi amiga donde dormiría esa noche, su hija -mi casi hermana- me recibió con una cerveza y los ojos hinchados, le escribí a mi mamá que estaba tranquila, seguía hablando con Johann y mantenía mi temple. Minutos después me escribió Isaac “Ay Laurita, perdimos. Perdimos Laura Carolina”, no recuerdo qué le dije, pero recuerdo que intercambiamos análisis de lo sucedido y eso hicimos días después. Esa noche hablamos un rato,  me dio fuerza saber que  esta elección algo bueno me había dejado, un nuevo amigo.

A las 3 de la mañana me fui a dormir, con alcohol y cansancio en la cabeza, tranquila porque mis amigos estabas todos en sus casa o en sus lugares de hospedaje. Aquel día fue el día más importante de mi vida, descubrí que he madurado y entendí que a pesar del “Tenemos que hablar” de Venezuela, sí hay un camino, no es posible que la gente valiosa en Venezuela sea menos. Sé que problamemente muchos tengan(amos) códigos postales diferente en unos años, pero sé que cuando tengamos que volver a luchar estaremos al pie del cañon, de primeros como siempre.

Querer a un país va de muchas cosas, va de lo que todos creen que es, para mi de esto va eso de “querer a un país”.

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Hoy me encontré un señor sin esperanza

–          ¿Ves las estrellas?

–          ¿Dónde?

–          Allá arriba.

–          No, veo solo un cielo negro.

–          Concéntrate, si lo haces verás como comienzan a aparecer delante de ti esos puntitos blancos, lindos, que te hacen pensar en muchas cosas. Que, aunque lo niegues, te hacen desear que una estrella fugaz decida pasar apuradita en el firmamento.

–          Inventas mucho.

–          No, en serio, hazlo. Es como el país.

–          Siempre mezclas todo con política.

–          No, bueno sí, pero esta vez no. Mira, cuando uno va en el metro necesita concentrarse para comenzar a ver esas estrellitas que brillan en la oscuridad y que te hacen decir: Es posible el camino. Te voy a contar algo:

Hoy me encontré a un señor sin esperanza en el metro. No es fácil vivir acá, lo entiendo. A veces yo también pierdo la fe. El metro es como el clima de Caracas, a veces está azul y soleado y sientes que la quieres. Otros días, está gris y fría y te deprime. Hay días en los que las estrellas del metro brillan más, otras en las que sencillamente me imagino poniendo una bomba como James Bond y caminando mientras escucho la explosión. Sí, sé que no debería pensar de esa manera, pero no es fácil. Entiéndeme.

Hace tiempo me había alejado de todo, había decidido “vivir mi vida” hasta que entendí que tal cosa era absurda y que mi vida se estaba limitando a cuatro paredes, entonces volví. Bueno, eso y que uno de mis amigos me empujó a seguir en el tema. Pero ajá, el señor. Ese señor me decía que no había futuro y yo le decía “la esperanza no se pierde”. “Todo va a estar siempre peor” me decía, “debe ser mi juventud, pero veo un camino diferente” le respondía. No sabía cómo sentirme, creo que jamás me había encontrado a alguien sin esperanza. Creo que sé por qué.

–          A ver, ¿Por qué?

–          Porque ese señor no lograba concentrarse y ver el cielo. No era capaz de ver las estrellitas que luchaban contra la contaminación y la iluminación para ser vistas por nosotros. Así que concéntrate, mira el cielo y ve los puntos blancos. Yo creo que hay un cambio y eso es lo que tenemos que transmitir.

Escribir

Para escribir necesito:

Un asiento amarillo del metro con 8 estaciones. Una noche de pasión con una ilusión de gran amor, dibujarla con palabras.

Una copa.

Necesito una plaza iluminada con un banco disponible. Un país en crisis y un día de máxima indignación. Mi cuaderno y un bolígrafo de tinta o lápiz. Escriben mejor, imprimen emoción.

Un café.

Días lluviosos para la melancolía, los soleados para la tristeza y los nublados son para (d)escribir sonrisas escondidas con letras que recién comienzan a ser escritas.

Una cerveza.

Una hoja blanca a la espra de una historia, las ganas incontenibles de escupir palabras y describir momentos. Un lápiz con punta y antes leer un par de poemas.

Un cigarrillo.

Para escribir me necesito, te necesito, los necesito. Escribir es ese dulce momento donde ecuentro, sin quererlo, otros nosotros, otros temas, otra yo.

La chica de rojo se fue al .com [Día de mudanza]

www.debilidadesyvicios.comY llegó el día que esperé por un montó de tiempo El día de mudanza.

Esta chica de rojo, de rulos, que lee, escribe y siente se muda a un dominio .com.

Ya son cinco años entre blogspot y wordpress, muchos años de palabras, intensidades, risas y descargas. Llegó el momento de ser una niña grande y mudarme a

www.debilidadesyvicios.com.

¡GRACIAS Totales! Hoy aquí tengo muchísimos seguidores, mucha gente que comenta, espero verlos por el .com.

Nos vemos por aquel lado.

 

 

Ministerio de libros prestados

“Existen dos tips de pendejos en la vida: los que prestan libros y los que los devuelven. Espero que usted sea de esos que los devuelve” Eso me dijo el profesor Heinz Sonntag cuando me prestó el primer libro sobre Hannah Arendt. Bajo esa premisa decreto que que debería existir el Ministerio de Libros Prestados y pues no hay mejor día que hoy(23/04) para hacerlo. Si lees entendrás la razón, sino google it.

Veamos. Como seres humanos que pretendemos ser cometemos errores, muchísimos errores. Sin embargo, hace poco comprendí cuál es uno de los mayores errores que una persona pueda cometer: Prestar un libro. Pero no sólo prestar el libro, sino prestárselo a alguien que recién conoces.

Imaginemos que conocemos a alguien, un potencial amigo, arrejunte, novio o cualquiera de esas fastidiosas etiquetas que solemos ponernos para poder identificarnos y no mezclarnos mal. Todo fluye con este individuo, decides confiar y prestas uno de tus libros favoritos, ese que tienes frente a tí con la única razón de vida que decirte a diario “soy importante para ti”.

Supongamos que pasan los días, el asunto no fluye ¿Qué pasa con ese libro?

Si el libro es realmente importante harás todo lo que sea para pedirlo pero ¿Y si no te lo devuelven o tarda mucho tiempo o si se hace incómodo todo el momento de pedir que te devuelvan el libro? He pensado en eso y sé que ese sería el momento de conseguir la intervensión del Ministerio de Libros Prestados.

No me ha pasado, pero debe ser terrible tener que acudir a una cosa tan burocrática como un Ministerio de Libros Prestados. Someterte a una requisa, que tu libroteca sea desordenada por persona con guantes blancos, tapabocas y pinzas. Y todo lo demás que implicaría una de las peleas legales más importantes en relaciones que se rompen “recuperar los libros prestados”.

Aún no creamos el ministerio, está en proceso; pero mientras tanto mi consejo de hoy -más que recomendarles un libro- es que nunca, nunca prestes un libro. Regálalo si quieres, si quires a la persona, pero si ese libro significa algo para ti, pues entonces no lo prestes.

Mientras tanto, me autodeclaro ministra de los libros prestados.

 

¡Feliz día del libro! (llegó tarde el post, pero es que yo vivo en un huso horario diferente que pocos entienden)

Confesiones

Hoy me desperté con ganas de confesar(me). No ante Dios o una iglesia, sino eso confesar(me). Saber(me) dueña de una realidad. Mi realidad. Mi mundo. Hoy desperté y sólo quise sentarme en la computadora, escribir(me).

Hoy supe que era el momento de confesar esas cosas que me gustaban, esas que son mías; así no las olvido. En caso de olvidarlas, podré correr y encontrarlas. Hoy quiero confesar.

Confesar que me gusta el rojo y la palabra ‘pantaleta’. Confesar que aún sueño de a ratos con amores del pasado y que juego a pensar qué hubiese pasado si todo hubiese sido diferente. Hoy quiero decirme a mí misma que no entiendo el tenis, pero me gusta verlo. Me encanta el fútbol, pero aún no entiendo las posiciones adelantadas. Hoy quiero confesar que me gusta seducir, las películas de cine clásico y la música instrumental. Confesar que soy intensa, escribo sinsentidos y disfruto leerlos.

Confesar que aún paso noches enteras despierta leyendo algún libro o haciendo zapping en la televisión. En realidad el azul nunca fue mi color favorito, aunque mentí un par de veces. Hoy es un día para confesar que me gusta ser diferente. Que me gusta competir. Aunque solo hay algo por lo que no compito: hombres. Me gusta que les guste porque así fluyó, no porque gané una competencia.

Hoy… Hoy es un día para confesar(me) que son el café no puedo vivir, que si un buen pensamiento no puedo dormir. Que tengo debilidad por los tobillos, que quiero otros 4 tatuajes. Que pienso, que siento, que sufro, que río.

Hoy. Solo quería escribir eso. Hoy.

Venezuela, Saramago y la mierda

Supongo que desde El Coronel no Tiene quién le escriba usar la palabra “mierda” no debería estar penalizada por intelectuales y académicos. Aunque debo confesar que poco me importa, no suelo usar groserías en mis textos, pero aquí no cabe otra palabra.

Recuerdo cuando hace años decidí leer a Saramago y comencé con ‘Ensayossobre la ceguera’. En aquel momento no lo entendí, no en su totalidad. Sin embargo, con el paso de los años esa ceguera se hacía cada vez más real en nuestro país, bueno en Él país porque el ‘nuestro’ suena más bien a una mea culpa para no sentir que tiramos la toalla hace tiempo.

Saramago decía: “…es lo que decimos cuando no queremos mostrar nuestra debilidad, decimos, Bien, aunque nos estemos muriendo, a esto le llama el vulgo hacer de tripas corazón, fenómeno de conversión visceral que sólo en la especie humana ha sido observado.” y ahora lo entiendo. “Nosotros” los venezolanos preferimos siempre el ‘afuera’, la ropa, el teléfono, el petroleo, las armas antes de asumir: estamos en la mierda como país.

Solemos sentirnos orgullosos porque “maldonado está en la F1”, por ejemplo, pero somos incapaces de sernos sinceros y decir: no pana, es una mierda. Y quien se atreva a decirlo será tildado de “apatrida”, y “antinacional”. Ja! Ese pseudonacionalismo sobreestimulado que no sabemos manejar y que juramos “me la estoy comiendo, en el mundo nadie ve que estoy en la mierda porque por fuera estoy BUENOTA”.

Y esto lo empato con otra cosa que dijo también Saramago en el ensayo “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.” Hoy en el metro me sentí mal, tengo días con problemas estomacales y puede que sea gracias al agua contaminada, el punto es que me sentí mal, vomité y ni un solo ser “humano” se acercó a preguntarme “¿Estás bien?” no, era mucho más sencillo hacerse el loco, total, ese no es mi problema. Hace años eso no hubiese pasado. Nosotros olvidamos eso que somos para convertirnos en eso que queremos ser para que otros no noten que estamos en la mierda. Y el drama no es porque no me hayan ayudado, el drama es porque también nos hacemos los locos con los hospitales, la violencia, y demás porque “eso no me está pasando a mi”. Somos ese galpon que describe Saramago en el que meten a todos los cieos para que “no contaminen a otros”. Pobres de nosotros. Estamos ciegos y no lo sabemos.

“No hay en el mundo nada que, en sentido absoluto, nos pertenezca” .
Eso no lo hemos entendido. Absurdamente creemos que todos nos pertenece, pero al mismo tiempo lo despreciamos. Ese “deseo de poder” que tiene algunos, que creen que son dueños de la verdad, que pelean por cargos, son tan despreciables como el motorizado que cree que la calle le pertenece, como el señor que te empuja en el metro para sentarse, el Chavista que dice “esta es mi casa (refiriendose al país) y si no me da la gana de hacer nada, no lo hago, que trabajen los extranjeros” o el opositor que se llena de negocios con el gobierno y además reparte ministerios, de esoa que aun no tiene. Somos un país despreciable, pero otra vez, es preferible contestar ‘bien’ a decir ‘estamos mal’.

Esto que sigue no necesita explicación: “La muerte anda por las calles, pero en los corrales la vida no se ha acabado”. Y no solo hablo de la muerte física, sino de esa muerte espiritual que tenemos todos. No tiene nada que ver con la “misa”, tiene que ver con el alma de cada uno de nosotros. El otro ya no existe y por ende no importa. Lo realmente importante soy yo y mi “mundo de poder para joder”. Que mierda.

Yo, como Saramago, me pregunto:

“Cuántos ciegos serán precisos para hacer una ceguera”, ¿Cuántos muertos (exiliados) serán precisos para entender que estamos en guerra?

Y por último les digo “[…] cómo vamos a vivir este presente, sin futuro”.

Y sí voy a votar, y sí seguiré llamando al voto. Pero por el único motivo de negarme a vivir en una ceguera autoimpuesta. Porque la capacidad de indignación puede que sea una virtud y una desgracia, y pues deberé apreder a vivir con ella.

Yo les digo, dejemos de decir: “estamos bien” y comencemos a reconocer que estamos EN LA MIERDA, y probablemente ese día comencemos a salir de la ceguera y a cambiar lo que antes no veíamos.

Como dice @ChavezOfficial: todos tenemos un poquito se Chávez adentro. Y completo yo: y eso es lo que tanto nos molesta.

Conversaciones

El mundo habla. Nos comunicamos a diario. Tenemos conversaciones en las que día a día se conoce, se siente, se piensa, se comunica. Somos seres humanos y tenemos, a diferencia de los animales, una gran capacidad de entendimiento que nos permite saber y estar conscientes de que la otra persona (con la que solemos sostener una conversación) tiene sentimientos, pensamientos, confía en las palabras que salen de nuestro boca. Nadie espera ser defraudado de buenas a primeras.

Esas mismas conversaciones las evitamos cuando no tenemos nada que decir, cuando no sabemos qué es exactamente lo que se tiene que decir para no dañar más a la otra persona. Hay otros, que por el contrario, sencillamente evitan las conversaciones incómodas porque tienen algo relacionado a esa no-culpa moderna que nos llena de deseos adolescentes de querer hacer las cosas sin que nada nos importe. Yo he estado en ambos puntos.

Hay conversaciones que se postergan tanto que cuando llegan ya no vale la pena si quiera gastar dinero en un café para tenerlas.

Yo esperé una conversación que nunca llegó y un día, sin más ni menos, me desperté sin ganas de tenerla. Yo, te (dis)culpo. Todo estará bien al final del día. Yo haré lo propio para que la fiesta sea llevada en paz. Sé que a ti no te importa, pero está bien. La paz la encuentro yo conmigo, en mí.

Por esas conversaciones que nunca se tendrán ¡Salud!

De mis debilidades, y de mis vicios también

Seis años bloggeando. Varias historias de cama. Muchos cuentos de camino. Cambios inevitables, de ropa, de piel y de vicios. Momentos, canciones, palabras y olvidos. Momentos.

Nunca me he sentado a hablar de ellos y ellas, mi vicios y mis debilidades. Hombres, ron, café, Masseratti, Caracas, política, poesía, buena vibra. Todos ellos han pasado por mi vida, por mi blog, por mis palabras.

Intensidades histéricas para pelear contra el sistema.

Palabras en cuentos que pintan verdades que yo conozco, que me gustan, que exploro. Experimentar con palabras, disfrutar con leerlas.

(Historias entre paréntesis que le dan sentido a las letras, aunque después las destruyan)

Son ellos, y ellas, las que me dan suficiente musa como para escribir bajo el mismo efecto del alcohol, el sueño o cualquier droga que duerma tus sentidos. Esa sensación de acabar sobre el papel o la computadora, de no recordar qué era lo que había escrito. Cerrar el documento y abrirlo tres días después. Descubrir que la mejor terapia está en sacar las cosas del estómago.

La música, de Masseratti. La tinta en mi cuerpo, la que hace que ellos sean los mejores exponentes de esta suerte de ser yo conmigo y yo con ella, Caracas.

 Las ganas eternas de estar en otro lugar. No sentirme bien cuando me toca olvidar.

El día que comienza, las nubes que quitan el azul. La montaña que te adorna. La intensidad que pasa, los momento que te llenan de banalidad.

De mis debilidades, y de mis vicios también, tengo mucho para decir. Pero por ahora, sólo quiero, con ellos volver a reír.

Cuaderno de notas

Siempre hay, en la vida de las personas, momentos, películas, canciones que hacen que tu vida (o una parte de ella) comience a ser identificada como un antes/después. Ver “Lugares comunes”, peli que tenía pendientes desde hace ya varios meses, significó para ese ese antes/después del que les hablo.

Acá les comparto el primer monólogo de la película. Les recomiendo verlo desde el min 2.30 hasta el 4.30. Dos minutos de puras verdades sobre ese llamado arte de “escribir”.

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