Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

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Escribir

Para escribir necesito:

Un asiento amarillo del metro con 8 estaciones. Una noche de pasión con una ilusión de gran amor, dibujarla con palabras.

Una copa.

Necesito una plaza iluminada con un banco disponible. Un país en crisis y un día de máxima indignación. Mi cuaderno y un bolígrafo de tinta o lápiz. Escriben mejor, imprimen emoción.

Un café.

Días lluviosos para la melancolía, los soleados para la tristeza y los nublados son para (d)escribir sonrisas escondidas con letras que recién comienzan a ser escritas.

Una cerveza.

Una hoja blanca a la espra de una historia, las ganas incontenibles de escupir palabras y describir momentos. Un lápiz con punta y antes leer un par de poemas.

Un cigarrillo.

Para escribir me necesito, te necesito, los necesito. Escribir es ese dulce momento donde ecuentro, sin quererlo, otros nosotros, otros temas, otra yo.

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Una no-carta

A ti no tengo por qué escribirte una carta de amor porque estoy no es una lovestory. No debo, ni remotamente, pensar que te puedo extrañar, que contigo puedo hablar o que de ti me puedo enamorar. Muchísimo menos puedo sentir que te enamoraste de mi. Eso no pasa. Eres mi no-historia, mi no-cuento, mi no-realidad y por eso no te escribo una carta, te escribo una no-carta. No eres mi no constante. En mi vida no eres más que una no-situación, un nodebiópasarjamás o tal vez un esperoquevuelvaapasar.

A ti no tengo porque decirte que te quiero y mucho menos que te sueño. Eres mi no.

Entenderlo es sencillo. Somos el no-ser del que los filósofos del pasado tanto hablar, esa no-realidad que hacer ahora no había comprendido. Eres mi no-identidad, mi no-intensidad, mi mensaje cambiante y mis no-ganas de pensarte. Eres mi no-post, ese que quise pero nunca llegó. Eres, por primera vez, mi no-escrito. Mi no-texto. Eres esa no-piel que muero por volver a todas y esos no-labios que espero me vuelvan a besar.

Eres eso que, con la práctica de los años, he aprendido a manejar- Tu el amigo, tu el confidente, tu el que nomevaapararjamás. Yo la amiga, la que escucha, la que ojalámepareunratomás. Eres mi no-estar, mi no-querer llamar.

Eres el mensaje que borre, el pensamiento que suprimo. Eres mi no-historia de no-acabar y por esto hoy no te escribo estas palabras que seguro no leerás.

(Y los dos sabremos, cuando el día termine, que esto es para ti, mi carta no cursi e intensa…)

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