Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

De las “ellas” de mi vida

(Algo que escribí hace muchísimo tiempo, a dos manos, con Batita)

Altas, flacas, gordas, blancas, morenas. He tenido muchas “ellas” en mi vida. Y no se trata esto de una confesión de parte o de un salto de talanquera. Tampoco ha de tratarse de un relato sobre las “ellas” que integran mi listado de amigas, esas que cuando me case estarán hermosas llorando porque “Su amiga se casó”.

Hablo de las “ellas” de “ellos”. De aquellos que en algún momento fueron mis ellos,algunos fueron mis ”ellos” exclusivos y otros fueron ”ellos” que compartí con ”ellas”

Las novias, las “estoy confundido”, las “es que aún no la olvido”, las ”es que es el amor de mi vida”, las ”yo la dejo, dame un día y la dejo”.

Contra esas con las que he luchado toda mi vida.

Las “ellas” que me han vencido, porque me decido perder la carrera y dejar que ese “él” que es incapaz de luchar por ganarse mi amor se quede con esa “ella” dispuesta a cualquier cosa. Esas ellas que han ganado la batalla limpiamente, esas ellas que han ganado por default. Esas ellas que son ejemplo, ejemplo de la mujer que no soy, de aquella que no quiero llegar a ser, de aquella que fui -lastimosamente- en algún momento.

Esas “ellas”, que siendo menos inteligentes (o más), menos agraciadas (o más), me han enseñado una gran lección: yo no quiero ser una “ella”.

Aunque lo he sido, pues en algún momento estuve en esa cama que le pertenecía a “ella”, en aquella llamada que debió ser primero para “ella”, en ese pensamiento secreto que sólo él y yo conocemos. He estado en los zapatos de ella, cuando me invade la culpa, cuando la rabia y el alcohol se me mezclan en la sangre. Cuando el ¿y si fuera ella? llega en mis noches de insomnio a atormentarme. Cuando me descubro buscando él teléfono de su ”él” en mi blackberry, cuando ojeo distraída alguna página de una revista de novias en algún consultorio médico.

Pero no importa, porque hoy, por primera vez, no se trata de mí, se trata de “ellas”.
Sí, hoy vine a hablar de ”ellas”. No a ”ellas”, porque eso es historia de otro libro, o de   otro capítulo. No vine a hablarles a ”ellas”, vine a hablarme a mi, de ”ellas”. A pensar, por vez primera que ellas aquí han cumplido su rol a cabalidad.
Así como en su momento vine a hablar de tí. Y de él. Y también de ellos, creo que ”ellas” se han ganado su post, a pulso.

Gracias a las “ellas” de ellos, incluso a esa “ella” que no conocí, pero llegó en forma de París, o de Miami. A esa ella que era como un fantasma entré él,su judaísmo y yo, a esa ella que tiene un anillo en su mano izquierda, y un papel notariado que refleja una promesa. A esa otra ella que vive con él nuestra vida de tratamundos. Hasta a esa ella que se le metió por los ojos en un momento de despecho .

Les dejo mi gratitud y un abrazo cargado de sentimientos, de alivio, de ”menos mal que ella no soy yo”. De ”puede que esta vez no sea yo”

Gracias por la lección bellas, yo me quedo de este lado de camino, esperando no ser la “ella” de ninguna mujer, sino la “ella” de un él, porque a fin de cuentas, es él con el que queremos estar y ser…

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