Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Una no-intensidad

Era mucho más sencillo que se encontraran en un café o se tomaran unas cervezas, pero parecía que aquella tarea no podría ser cumplida. Las ocupaciones de ambos los llevaban a alejarse cada vez más. Un día se cruzaron y ella, sin pensarlo, soltó todo lo que tenía en la garganta sin importarle si su reacción -la de él- sería buena o mala.

Obviamente estoy molesta contigo. No, la molestia no es porque esto terminó o nunca empezó, la molestia es porque contigo no tuve intensidad posible que me permitiera desahogar eso que no-fue, en las no-letras que nunca escribí. Cuando pensaba que todo pasaba, llegaste tú con tus besos en lugares inapropiados, con las ganas de romper las reglas impuestas por otros, con tu sonrisa de cómplice entre cervezas y con una amistad de esas que “no quiero dañar”. Llegaste con tus ganas de días completos sin conexión, de karmas que no se ejecutan y de cielos místicos dibujados por mi. Mi molestia es que te fuiste del lugar en el que nunca estuviste, sin pensarlo, sin explicaciones, sin un último beso… Y como dicen por ahí “sin un último polvo”. Que la necesidad de ti se hizo grande cuando descubrí que esos labios no volvería a estar sobre los míos, cuando dejamos de estar y de no-estar.

Claro, ¿Cómo no voy a estar molesta si un día estás bien y otro desapareces? ¿Si un día me pides besos y luego ni contestas mis mensajes? ¿Cómo no quieres que me moleste y que sienta inmensas ganas de golpearte… Y luego de besarte? Claro, para mi es sencillo porque siempre hubo reglas claras, el juego nunca se salió de mis manos o de las tuyas, o no lo sé. Pero mi molestia es ¿Cómo te gusto locamente un día y cómo puedes ignorarlo todo al día siguiente? No es un tema intenso sentimental, por ti no lloré, no bebí, no fumé. No sé si quiero un “nosotros”, pero quiero un cuento, unas risas, un lo-que-sea, quiero un por qué… O al menos un café.

Él, la miró sin nada que decir, no era posible articular palabras después de aquello. Lo único posible revivir una de las primeras escenas de toda aquella no-relación que habían establecido en donde ambos sabían que habían cruzado las líneas de lo que no se supone. Miró al cielo y notó que comenzaría a llover en cualquier momento, observó su reloj -se le hacía tarde para una cita-, la pegó contra la pared y la besó. Justo en ese instante comenzó a llover como nunca en aquel lugar.

Luego de unos minutos ambos hicieron silencio, se vieron a los ojos y entendieron que todo aquello no sería posible, pero que tampoco lo sería alejarse del todo de aquella no-relación que habían mantenido secretamente en sus mentes desde hace ya varios años. Hubo una despedida silenciosa y no dolorosa.

El cielo aclaró cuando comenzaron a caminar, cada uno en dirección opuesta tal como ocurría en sus vidas.

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