Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Los venezolanos aprendimos la cartilla presidencial por Héctor González

[Héctor González, @Papelon, escribió esto y lo quiero compartir con ustedes]
Por Héctor González.
Decía el maestro Quiroga en su decálogo “No escribas o cuentes bajo el imperio de la emoción…” así que unos días después del revuelo ¿nacional? Causado por el documental “Caracas: ciudad de despedidas” creo un poco más pertinente dar mi opinión (aunque a nadie le importe la misma).
Comenzare por señalar algo que es muy nuestro, más nuestro que la harina pan, que una “reina pepeada” o que un gobierno ineficiente: los venezolanos para bien o para mal somos un pueblo de “opinadores” de oficio. Esto no es un secreto para nadie (aunque cualquier venezolano tenga una opinión al respecto), sin embargo las reacciones públicas derivadas del documental nos muestran algo que estamos descubriendo de nosotros mismos: además de opinar ahora aprendimos a despellejar colectivamente.
Pasamos de ser una sociedad opinadora a ser una sociedad de “cayaperos” (googleese de no entenderse el “juvenil” termino) que ante un intento audiovisual no muy bien logrado, no nos detenemos a pensar en el mensaje que viene detrás y que tanto nos dice de nuestra sociedad sino que desde la seguridad y “responsabilidad” de la masa 2.0 nos deleitamos agrediendo, en muchos casos con humor o ironía, no solo al producto final como pieza audiovisual sino a sus jóvenes protagonistas.
Ser joven en Venezuela en estos momentos es un desafío que no cualquiera quisiera aceptar, el día a día para una persona entre 15 y 27 años llega a ser una lucha por sobrevivir en medio de un mercado laboral que frustra sueños a diario, de una situación de inseguridad que arrebata almas por minuto, de unas condiciones políticas que no presentan un panorama a futuro, de un mundo globalizado que toca la puerta pero que no se atreve a pasar porque se topa con el aviso que reza “cuidado, perro bravo”. Y en el centro de esta cantidad de calamidades y desafíos, entonces además estamos situados en una sociedad que apuesta todas sus fichas en la juventud sin hacer mas nada que “pintarse la cara colora esperanza”.
Lo que estos panas destaparon fue la olla que todos sabían que hervía pero que nadie siquiera volteaba a mirar: la realidad de una ciudad que ha perdido su conciencia colectiva y que centra su dinámica social en responder (a favor o en contra) a caprichos del comandante o en comentar situaciones particulares (que por supuesto duran lo que dura la memoria venezolana). Estos chamos versionaron el “paren el mundo que me quiero bajar” y lo convirtieron en el pegajoso “Yo me iría demasiado”.
Al contexto anterior debemos sumarle entonces un nuevo personaje que constituye “el tipo ideal” de autoridad moral convertida en humano y mito a la vez, si, ese mismo que no pretendo nombrar por aquella vieja costumbre heredada de la película Beetlejuice. Ese que nos ha enseñado al pie de la letra la cartilla de insultos e intolerancia desmedida, que nos ha ayudado a convertirnos en dos bandos separados por un rio que a su vez está lleno de “náufragos” ideológicos que flotan para dejarse llevar por una corriente que NI va al mar NI va a la montaña.
Al final del cuento, como dice Eduardo Sánchez Rugeles en su texto al respecto del documental “De alguna forma, el discurso político triunfó: aprendimos el odio.”, ahora toca “aprender a desaprender” ese odio que está instalado cual garrapata en las zonas mas externas y a su vez profundas de nuestra piel, y trabajar por transformar nuestra cotidianidad, porque así como se aprende se olvida y en eso si que tenemos nosotros bastante experiencia.
Seguro vendrán más “me iría demasiado”, mas caprichos gubernamentales y mas lucha…toca aguantar y seguir siendo sobrevivientes en medio de un rio social que se desborda porque “en caracas llueve demasiado”.
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Un pensamiento en “Los venezolanos aprendimos la cartilla presidencial por Héctor González

  1. País de despedidas
    Jorge Ramírez Fernández

    Jueves, 17 de mayo de 2012

    La polémica originada por el video documental “Caracas, ciudad de despedidas” retrata fielmente al pobre país en que nos hemos convertido

    Foto: Google
    . Aun cuando, es lamentable la escasa capacidad de expresarse en forma clara y coherente de jóvenes que, con total seguridad han tenido y tienen la oportunidad de estudiar en instituciones de prestigio, y que igualmente manejan desde su mas tierna infancia las más modernas herramientas de comunicación que la tecnología ha creado; no quedan dudas del fondo de lo que quieren decir.

    El país de violencia e inseguridad en que se ha transformado Venezuela, donde el obtener éxito profesional o económico se convierte en elemento que aumenta ostensiblemente el riesgo de ser secuestrado, atracado, escarnecido, insultado y asesinado. Y claro, un país donde los ministros mas importantes han sido señalados de estar inmersos en el mundo del narcotráfico, sin que ello motive la más mínima investigación es un país que se fue a la mierda.

    Cuando vemos que policías activos se dedican a cometer toda clase de delitos con total impunidad, y que sólo cuando las víctimas son personajes de notoriedad insoslayable, son procesados los responsables, quienes disfrutan de todas las comodidades posibles.

    En Anzoátegui acabamos de conocer el caso de un taxista que fue secuestrado y asesinado por ex policías que se encontraban arrestados en la Comandancia General de la Policía Estadal, y se les permitía salir a cometer fechorías, sin que hasta ahora tengamos noticias de que se haya responsabilizado a alguien por esta irregularidad. Seguramente el Gobernador Tarek W. Saab está demasiado ocupado en el gimnasio como para ocuparse de darle a los ciudadanos una explicación.

    Hay demasiados elementos para discutir largamente sobre las motivaciones que tienen los jóvenes para desear irse lo mas lejos posible de Venezuela, Y no las bobaliconas burlas del caricaturesco presentador del programa de Venezolana de Televisión que pretendió ridiculizar a los jóvenes que se expresan en el video. Lógicamente, a nadie del gobierno le interesa que esos temas se discutan públicamente. La cloaca en que ellos se desenvuelven ha convertido a Venezuela en un país de despedidas.

    jorgeramirezfernandez@hotmail.com

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