Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Monólogo de una histérica

Sofía era toda una histérica. Histérica en la calle, en la casa, en la cama. Histérica hasta en la playa. Pasaba el día histérica. No entendía por qué. Disfrutaba del buen sexo casual, de ese que te hace gritar y no precisamente de histeria. Ella sencillamente era así.

En la sala de su piso en Madrid siempre estaba la computadora, los libros, el kindle, el cenicero y los cigarrillos, de vez en cuando un porro y un copa de vino. Sus vecinos la veían cuando se paraba en la ventana con camisa larga, en pantaletas y medias a leer del periódico mientras se fumaba un cigarrillo.

Un día, sólo se escuchaba esto:

Es que claro, si yo todo lo estaba haciendo bien hasta que decidió que quería ser bueno en la cama. Yo no le contestaba los mensajitos, era él quién me buscaba, el que me hablaba por todos lados. Es que siempre es exactamente lo mismo. Coño. Si una les para entonces ellos se van. No entiendo. Debe ser la crisis de la cultura occidental. Yo soy parte de esa crisis, porque eso de saltar de cama en cama, pues solo  puede ser parte de esa “crisis” que le llaman. Es un coño de madre, se lo pregunté y me mintió. Y el otro, ni me contesta “No me escribas más” ¿Quién carajo se ha creído? Es que no los entiendo, ni a este, ni al otro. Y la cocina no me prende, necesito que prenda.

El sonido del yesquero, otro cigarro más, un trago de ron.

Pendeja, eso es lo que soy, pendeja. Debería dejar de saltar por las camas. Eso es, necesito un break de hombres. Comenzaré a estudiar algún otro idioma, pensaré cómo aprovechar mejor el tiempo, jugaré a no pararle bolas a la vida. Total, no sería primera vez que lo hiciera. También podría cambiarme de ciudad, me están cansando los españoles y su quejadera sobre la “crisis” económica, es que TODO ES UNA CRISIS y después dicen que soy una histérica. Que lo soy, lo sé, no lo niego, pero coño, el mundo también anda en eso de “crisis”, es que es moda. Todo es moda.

Una llamada de teléfono, Marcela, Aureliana, todas estaban en problemas.

Ah no, y estás después que me joden me llaman a decirme que necesitan de mi ayuda, quién las manda a venirse. Debieron quedarse en Caracas, total, allá estaban sus “ellos”. Es que no me da la gana de ayudarlas. Quiero seguir así. Aquí, sin nadie que me recuerde a Caracas. Bueno, la tinta en el pie, lo sé, ni modo, qué se le va a hacer.

Pasaron 45 minutos, se puso el pantalón, las botas, salió.

 No señor, no tengo ni un euro, mi país sí está en crisis y yo aquí no tengo dinero. NO, allá menos dinero tengo. Quién pensaría que yo terminaría sentada en este café. Aquí comenzaron algunas de las histerias que se han contado. Las historias que se cruzan, las amigas que pasan noches en la misma cama, las manos que se entrelazan y las lenguas que intercambian fluidos.

Una noche más en Madrid, el frío del invierno, las ganas de correr y la histeria que no la dejaría en paz. Pasó días con su locura, con sus gritos y sin ganas.

Yo mejor sigo en lo mío, los hombres que van y vienen se quedarán guardado en las huellas de mi cuerpo, en la experiencia que gano y en cuentos para ser narrados.

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