Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Cedeño

Daban las 9:53 pm cuando Cedeño entraba por el zaguán de la casa. Venía poseído por demonios, no creía todo lo que le había ocurrido. Él no estaba seguro de cómo había llegado a aquel lugar, la situación. Nada estaba planificado, pensó que todo estaba controlado. Cedeño tomó tres pastillas, dos sorbos de Whiskey. Durmió.

Viernes, 3 de enero de 1954. Los recuerdos comenzaban a recorrer la mente de aquel joven. Veinticinco años, saldo: dos líneas, un porro, algo de ron. Ella volvía, su olor, sus ganas, su piel, sus tatuajes, su ser. Cedeño necesitaba olvidar. Se cree en ese punto había comenzado aquella historia de destrucción. Un cigarrillo, un Cubalibre, medio porro. Durmió.

Era el año 1992. Domingo por la mañana. Todos pensaban que había muerto. Hace días que nadie le veía la cara, no se escuchaba ni un ruido en aquella inmensa casa, desolada, abandonada, destruida como Cedeño. Despertó, no quería recordar todas las historias. La número uno, dos, tres, siempre ella, presente. Un café, una línea. Durmió.

Aquel domingo, Cedeño nunca más despertó.

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