Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Clementina 3.20 am

Para Clementina era fácil dormir, ella solo tenía que poner la cabeza en la almohada y Morfeo llegaba rápido para hacer el trabajo de ponerla a volar por sueños que la hicieran descansar. En las últimas semanas, hubo un cambio.

Parece que Morfeo perdió la dirección de su cuarto, entre llanos sin sentido, botellas de vino en la cocina y comida a medio preparar, Clementina no pudo dormir más en paz. Ella sabía lo que ocurría, y como escribir era lo único que hacía, un día, como siempre, a las 3:20 am, cuando se despertó, decidió escribir:

Comencé a fumar a los 18 o a los 20, no lo recuerdo. Sé cómo fue, estábamos en aquel cuarto en Bogotá, los días pasaban y la competencia no llegaba. Era una de las más gallas, pero al mismo tiempo de las que estaba dispuesta a vivir lo que fuese. Me había cansado, hacía un par de años atrás, a vivir bajo las absurdas reglas sociales creadas por alguien con poca creatividad.

Me gustaban el ron, los hombres y el rock. Tenía debilidades por las cosas prohibidas, por esas que se hacen para recordar que existen placeres culposos. Tenía pocas amigas, las mujeres me aburrían.

No me había enamorado, lo tenía prohibido por miedo a que me destrozaran el corazón. Desde que tengo uso de razón he ido por la vida destrozándolos yo. Sé que algún día se me devolverá, pero también sé que lo utilizaré para escribir mi próxima novela.

Y digo próxima novela, sabiendo que aún no tengo una, porque pronto seguro sale algún editor y me quiere publicar. Pero bueno, es primera vez que por lo menos comienzo a escribir algo con una calma increíble que parece hasta practicada.

Nunca hice teatro, aunque siempre quise hacerlo. Nunca tuve suficientes ovarios para renunciar a las cosas, más bien hacía como decía Cortázar en Rayuela “No renuncio a nada, hago lo todo lo que puedo para que las cosas renuncien a mí”. Sí, sé que es todo un asunto de “no superar la adolescencia”, pero hasta esto sé que lo viviré de vuelta en algún momento.

Una vez le dije a alguien: Es que un escritor, de esos buenos, debe tener una vida llena de libros, cigarros, café e historias. Y en vista que soy alérgica al cigarro, no me queda más que tener muchas historias. De esas que dañan, que son retorcidas, bueno esas que me dan material para escribir.

Creo que por ahora no me queda más que buscar más café, la noche es larga, otro día más de pararme a las 3:20, qué hora tan curiosa. Intentaré dormir sin imágenes en la cabeza.

Clementina, pasó días escribiendo, dormir ya no era un  oficio que ella pudiese hacer. Comer, era posible, tomar café hasta más no poder. Esa noche, Clementina escribió hasta que por fin termino, su primera novela de (des)amor.

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: