Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Constanza y su carta pendiente

Pasaron meses para que Constanza se sentara a contestar la carta a Marcela. La tardanza se debía a la felicidad momentánea de Constanza, aunque sabía que duraría poco por aquello del Karma. Eso no había sido un problema sino hasta que se dio cuenta que no dormía pensando en que probablemente le harían lo mismo que ella ya le había hecho a Marcela, o algo peor.

La noche en la que Constanza descubrió toda la historia oculta detrás de su felicidad, descubriendo que el karma realmente existía, decidió que era momento de cerrar el capítulo con Marcela y contestarle aquella carta.

Estimada Marcela,

De este lado del mundo me encuentro bien, aunque para usted eso es sencillamente irrelevante. Sé que prefiere no saber de mi o que preferiría que jamás me hubiese cruzado en su vida. Pues fíjese, hoy yo pienso lo mismo.

He leído que todo va bien con su vida, no puedo decir lo mismo de la mía en este momento. Por lo menos no en materias del corazón ¡Vaya! qué cursi me ha quedado esa frase, una cosa que las dos tenemos muy poco. Estoy segura que hubiésemos podido ser buenas amigas, pero mis ganas de meterme en la vida ajena jodieron toda posibilidad de entablar una relación. Venga, que de cierta manera la única que ha perdido siempre, he sido yo.

Le escribo estas cortas líneas solo para contarle que ya otra se ha encargado de hacerme pagar el daño que le he hecho a usted en el pasado. Otra que, como yo, llegó de la nada y entre mensajes sospechoso se le metió en la cama. Otra que, como yo, no respetó, no pensó en esa otra y sencillamente lo sedujo. En su caso, el problema era él. En el mío, el problema, no lo sé. El punto es que, entre el suyo y el mío hay una gran diferencia. El suyo, se lo contó. El mío, me lo negó.

Verá usted, estimada Marcela, que he pagado bastante caro aquel show que se hizo en su momento. Definitivamente, tenemos que ir por la vida cuidando a quién le hacemos daño. A veces, es mejor no hacerlo. Vaya, bastó un buen coñazo para aprender la lección.

Ya siguen pasando los días, y creo que ya es momento de que nosotras estemos en paz. Yo hoy no lo estoy, aunque espero estarlo en el futuro. Vaya tranquila por la vida, que yo a usted no me le cruzaré nunca más en el camino. Desde su carta, no he intentado siquiera escribirles.

Les deseo sean felices, en realidad y de corazón.

Saludos,

Constanza.

Marcela sabía que esa sería una de las primeras maneras de comenzar a conseguir la paz en su vida. Odiaba las mentiras, pero también odiaba tener asuntos pendientes.

Encendió un cigarrillo, miró por la ventana y espero que vinieran a buscar la carta.

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