Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Carta a la democracia (Ya casi muerta)

Estimada Señora democracia,

Reciba un cordial saludo de quién le escribe de este lado de la computadora, de quién incontables veces ha salido a la calle a defenderla. No ha sido, ni será la primera vez que le escriba, cada año lo hago con preocupación, pues veo que su estado de salud está más grave día a día y aún parece que no encontramos la cura, aquella “medicina” que podría ayudarla a recuperarse. Es triste,  tengo miedo de perderla.

No la conozco muy bien, cuando llegué a este mundo no estaba consciente de su existencia. Luego, cuando crecí y me enteré que estaba usted enferma entre las paredes de un hospital en ruinas, decidí que era momento de salir a buscar alguna receta, una recomendación, algo que pudiese mantenerla con vida. Lo hemos logrado en pequeña medida, pero justo cuando estamos por conseguirlo, algo pasa y sólo nos queda un poco de aquella tan codiciada medicina.

Entiendo, según me cuentan, que en el pasado la han tratado bastante mal, tiene usted apenas 54 años y parece que tuviese 445 (La edad que cumplirá Caracas este año, ella también está descuidada). No quisiera perderla, apenas la estoy descubriendo, me la he encuentro en otros países y por lo general está usted jovial, alegre, contenta, atenta, abierta. Al verla aquí, en Venezuela, me pregunto si erá posible que sobreviva.

Sé que somos pocos los que medianamente la entendemos, somos muy pocos los que la defendemos. Es que, sabra usted que no es fácil de entender. Podría compararla con Dios, aquello que uno no ve pero “sabe” que existe. No sé si me entiende.Me preocupa que veamos nuestra burbuja como la realidad.

Y pensar que al principio pensaba ponerle ¡Feliz cumpleaños! Pero ¿Cómo celebra uno el cumpleaños de alguien que está apunto de morir? ¿Cómo se contenta uno con la poca vida que ha tenido en los últimos años? Sería irónico contentarse y decir: “Bueno chica, pero por lo menos no se ha muerto”. Es que no quiero una Democracia enferma, moribunda, quiero una Democracia plena, activa. Con energía.

Aquí estoy otra vez, señora democracia, viendo con agua en mis ojos las realidades de mi tierra, preguntándome si esta vez saldré ilesa,  irme podría ser una solución; pero en el fondo me niego a aceptarlo. Sigo preguntándome qué pasa por la cabeza de aquellos que son incapaces si quiera de pararse y votar. Espero que este año, justo este en el que está usted moribunda, mucho lo entiendan y se levanten de sus terribles vidas a emitir un voto, en pro de la medicina para usted, señora Democracia.

Una joven, que entende la verdadera revolución.

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