Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

De cómo decidí tripearme Caracas, de noche

CaracasPara nadie es secreto que, desde que nací, Caracas es mi lugar (simplemente Caracas, sin analogías). Ayer decidí –buscando recuperarla- caminar desde Bello Monte hasta Las Mercedes.

Me cargué con mis audífonos, Masseratti, lentes de sol y caminé. Caminé para verte diferente, caminé para conocer (te). Caminé, porque eso es lo que hago, caminar.

Edificios. Gente. Carros. El cielo. El Guaire. La calle. La ciudad. Eres temerosamente caminable. Ya basta de equivocarse, Caracas –sin nombres entre líenas-, hoy será un nuevo día.

Tu historia, tan bohemia, en medio de cafés y unas cuantas letras ¿Cuándo fue que te abandonamos? ¿Cuándo los gobiernos –y ciudadanos- te descuidamos?

Desde Crema Paraíso hasta la Barbería del teatro bar, llevé un solo ritmo intentado recordar cuando había recorrido aquellas calles con tanta tranquilidad.

Las Mercedes, su gente. Descubrí un encanto que siempre había estado ahí, pero nunca había observado.

Mi tatuaje “Caracas”, pronto estará en aquel lugar, que siempre me recordará cuanto me encanta caminarte.

Me senté en Ara Mix, con mi café y un libro sobre cine. Un rato más tarde apareció un –nuevo- amigo, sin darme cuenta se hicieron las 9pm. Era momento de irnos. Caminamos de vuelta a la barbería, ya habían cerrado. Así que pensé -por algún extraño motivo- seguir caminando aquella ciudad.

Al pasar el Recorland, a lo lejos estaba el perrero de la Texaco y pensé “hoy es un día para hacer algo diferente”. No tenía mucha hambre, pero aún así me paré frente al perrero y le grité:

–          Uno con todo pana.

–          Váyalo flaca, paga por aquí que ya te lo despacho.

En Caracas, sólo en Caracas.

Luego de comer, seguí caminando, me pegué a un grupo de chamos. Sin audífonos, sólo escuchando los ruidos (sonidos) de la ciudad. Al llegar al boulevard entré en modo: “Mi Reina lentes off”. Mientras buscaba algún garabato, pareció un sonido de saxofón en el fondo. No podía creer aquello.

No estaban en unos banquitos con luz, sino al final de la Brión, donde es difícil recordar que es parte de Chacao. Ahí estaba, el sonido de un hombre, tocando saxofón, a las 10pm. Sonidos. Música. Parejas. Besos. Un sentimiento. Magia, ese momento fue magia. Loca, nocturna, que hermoso descubrimiento. De a ratos, Caracas, sí puede vivirse sin miedo.

(Foto cortesía de Mike Gonzalez)

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