Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Carta a Woody Allen. Por una medianoche en Caracas

¡Hola!

Sí, sé que el trato era intentarlo. Sigue siendo así, no te preocupes. Solo necesitaba decirte, bueno a Woody, algunas cosas. Sé que aún tienes contacto con él.

Debes decirle:

No, no es una obsesión, ya lo pensé bien. Sobre todo por tu olor (y el mío), que siguen presentes. Siempre. Presentes. En nuestras mentes. No quiero volver a verte, aunque sé que no cruzaremos algún mediodía en la calle o una medianoche entre sueños.

Medianoche, era mi hora favorita para encontrarme en tus labios, desnudarme entre tus sábanas (el exceso de ropa siempre me caracterizó). Tu camisa, mis zapatos, y el zarcillo que siempre se me escapaba. Pudo haber sido sólo un buen sueño.

Quiero estar de nuevo ahí, en aquella medianoche en Caracas. Entre tus brazos, con tus labios dibujando espacios nuestros. Recuerdos. Estoy intentándolo, me estoy concentrando, para no pensar -te-, recordar -te-, y mucho menos extrañar -te-.

Estoy luchando por borrar frases, palabras. Momentos. Sé que nos volveremos a ver, no será un encuentro donde estemos solos. Fingiré que te conozco poco, aunque podría decir tanto de ti. Caminaré, te saludaré, te abrazaré -como suelo hacer-, tendremos conversaciones absurdas y preguntaremos cosas cuyas respuestas, de memoria, nos sabemos. Intentaremos, por sobre todas las cosas, recordar que estamos con otros alrededor.

Yo, esquivaré tu mirada, evitaré los vestidos, los converse y taparé mis sentidos. Tu, mermarás tus ganas pensando en alguna cosa aburrida, e intentarás no hacer nada que me descontrole, espero.

Por último, no importará nada de lo que podamos hacer para borranos, porque pasamos un límite que no sabíamos que existía, el cuerpo y la mente no entienden estas necedades. Tu estarás por siempre grabado en mi piel, yo en la tuya. Basta.

Recuerda darle esta carta a Woody, por favor, dile que de todas maneras, lo esperaré en Caracas una medianoche, cuando la luna nos pertenezca nuevamente.

Me despido, con infinitas ganas de besar -te- hablar, por última vez.

PD: Dile que me recuerde, soy la chica guapa de vestidos y colores rojos.

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