Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Vivo Caracas: Tambores de San Juan

Para Andrés y Luisfer…

Caracas, ciudad mágina en la que -por cuestiones del destino- me tocó nacer. En ella he vivido muchísimas cosas, de hecho esta ciudad podría contar nuestras historias mejor que nadie. Sin embargo, cuando se trata de vivir cultura urbana, cosa que he hecho en grandes ciudades lejos de casa, la cuestión no es tan sencilla. Ver gente en la calle cantando, bailando, vendiendo artesanía es lo que caracteriza los fines de semana de ciudades como Madrid, Barcelona, La Habana o Buenos Aires, pero no Caracas.

Como todo, las cosas han cambiado un poco; la nostálgica ciudad que antes era de techos rojos vuelve a ser una ciudad para ser vivida. Nuevamente, gracias a mi amigo Andrés y ahora también a Luisfer me fui un sábado (18/06/2011) al “callejón de la puñalada” en Sabana Grande, a los repiques de tambor del Grupo Herencia. Podría sonar un poco “tenebroso” al principio, digamos que con la inseguridad de la ciudad un lugar con ese nombre no debe ser nada agradable. Pero, como era de día accedí, sabía que sería tremenda experiencia.

La tarde comenzaba en un callejón bohemio de Caracas, con artesanos caraqueños, pero también unos cuantos importados. Nos recibieron con las ropas típicas que suelen usar aquellos que por la vida van sin mayores complicaciones. Al llegar a la mitad del callejón, me encuentro con mis amigos, con Hilda -una gringa que está de intercambio en Venezuela haciendo su postgrado y enamorada de esta ciudad-, y luego Mafe -quién desde ese día sería mi aliada en varias cosas-.

Todo indicaba que sería una tarde diferente, unos minutos después comenzaron a llegar rostros familiares como Sasha, Clau, Mancerita y uno nuevo, pero con la que también hice Click: Ale. Con sabor venezolano y característico caraqueño, minutos después ya éramos amigas, hacíamos bromas y nos disponíamos a disfrutar de los tambores y enseñarle algo a Hilda.

Gente de todo tipo acompañaba a San Juan. Jóvenes que se acercaban en busca de buena vibra, creyentes del santo que venían a pasearlo y cantarle y hasta uno de aquellos personajes bohemios que con incienso nos hizo reír al ofrecérselo al santo.

Estando ahí, no podía evitar pensar en la inseguridad y de a ratos el miedo se hacía presente llevándome a sentir lo injusto de vivir en una ciudad tan bella y con tanto para dar, pero sometida inevitablemente a los estragos ocasionados por quienes, desde el poder, olvidan que su labor debe basarse en cumplir con una población que confió en ellos más allá de ideologías quedadas en el tiepo.

Y como todo, las palabras que hoy comienzan con un reconocimiento a lo divino de vivir en Caracas de una manera diferente, terminan siendo un llamado a la reflexión de que las cosas no estarán bien mientras la palabra “miedo”  se apodere de nosotros.

Dejando eso de lado, reconozco que viví un sábado diferente y que le doy las gracias a ambos (Andrés y Luisfer), mis buenos amigos de la vida por regalarme, entre sangueos, tambores y ofrendas, un sábado diferente en medio de mi ciudad. Gracias también a mi Mancerita por impulsarme a ir y bailar al son de los tambores de mi grupo Herencia en pleno corazón de Caracas.

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