Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Primarias, consenso, fumanchú

Elegir es una de las cosas más difíciles que le toca al ser humano desde le momento en que nace y comienza a notar que hay distintas opciones para escoger. Cuando eres niño te cuesta decidirte por el helado de mantecado, chocolate o fresa, es una decisión que debías tomar, porque sino te quedarías sin helado; tus papás no gozan de paciencia infinita. Sin embargo, a medida que va pas

ando el tiempo y comenzamos a hacer más complejos, estas escogencias comienzan también a ser más difíciles.

Cuando estás en el colegio y te gustan dos chamas (o chamos en el caso de las mujeres), no sabes cuál escoger ¿qué haces? Comienzas a ver qué es lo que te ofrecen, cómo te lo ofrecen, qué tan honestas (os) son en sus planteamientos, pero también ves algo importante: el feeling que te dé esa chama. Ese tilín, tilín que no sabemos de qué se trata. Las maripositas pues.

Hoy la oposición, es decir, desde los estudiantes hasta los partidos pasando por ONG’s y señoras en su casa, están en una diatriba: Primarias o consenso. Nuevamente, nos toca elegir. Sin embargo, lo complejo acá del asunto es que “caras vemos, corazones no sabemos”; venimos (todos) de estar cargados de mucha negatividad, no esperamos a que el otro hable porque creemos que nos va a decir algo que no nos gusta, simplemente lo golpeamos a la primera. En fin, estamos predispuestos hacia los que nos representan.

Se acerca otro proceso electoral, y como decía en uno de mis pasados artículos, nos va a tocar correr y encaramarnos porque estamos sentados teniendo un debate “sano” con todos los factores, es decir, la democracia anarquista en pleno por esa necedad de querer ser siempre “in-clusivos”, “in-cluyentes”, “in-novadores”, en fin “in”. Sin notar que eso también hace daño, como todos los excesos.

Factores que dicen: “Yo no quiero dividir” (pero lo hacen); otros que dicen: “nuestro trabajo es SOCIAL” (pero quieren imponer, desde el “ciudadano”, una visión a los partidos); o los que imponen: “aquí se hace lo que yo digo” (nadie les para, pero tampoco le dicen nada). Un sinfín de personas que están dentro de instituciones con la finalidad de imponer su emoción y su razón. En mi cabeza no cabe más que pensar que estas personas lo ven como: “cuando llegue al poder podré cambiar lo que quiere para tener un mejor país”.

Pero la realidad es distinta, el cambio se hace en el día a día, se hace cuando trabajas. Ahora bien, estas personas ¿realmente están pensando en Venezuela o en la realización de su proyecto personal como quien quiere ser el presidente de una empresa? ¿Vale la pena seguir teniendo un “debate ciudadano” sin llegar a nada, sin llegar a consenso mientras los días pasan y el gobierno trabaja?

Debatir está bien, discutir también, pero para eso existen espacios de debates, escuelas, universidades, conversatorios, cafes, rones, etc., pero ¿cuánto más vamos a debatir? ¿Necesitan que hagamos unas primarias para que el “pueblo” decida si vamos por primarias o por consenso? ¿Vamos a hacer potazos para costear las primarias? ¿Y el dinero para trabajar? En fin, si sigo puedo estar preguntando todo el día.

Lo importante del asunto, y hacia a donde apunta mi reflexión, es que señores actores: ¿Hasta cuándo se van a seguir burlando? ¿Hasta cuando? Los días pasan y el trabajo no se ve, pasan y el acuerdo/decisión no se ve. Probablemente las elecciones nos agarren de sorpresa y salgan todo en su rueda de prensa diaria: Esto es un abuso, no lo sabíamos, etc. Pero “Guerra avisada no mata soldado, y si lo mata es por descuidado”. Al ritmo que vamos, queriendo consultarle todo a 7 u 8 millones de personas, los candidatos terminarán escogiéndose por Fumanchú y las primarias y consenso serán otra estrategia mal aplicada de aquellos que dicen querer a Venezuela.

Debemos ser multitareas para la política, así como lo somos en el día a día. Escuchar a la gente, pero tampoco engancharnos porque lamentablemente: no podemos complacerlos a todos.

Anuncios

Navegación en la entrada única

Un pensamiento en “Primarias, consenso, fumanchú

  1. Hola
    definitivamente pienso que el Arte de la Política o está de vacaciones o se perdió y no hay manera de re-encontrarla.
    Anteponen la ambición personal al bien común, lo cual es el fin último de la Política. Ojo: todos debemos tener ambiciones personales; pero una manera lógica y honesta de lograrlas. Un partido político es el conglomerado de personas con afinidad política; se entiende por “afinidad política” la forma práctica, gestión pública eficiente que permita el logro del bien común. De donde nace que si pardido de derecha, centro o izquierda (acepción amplia).
    El hecho que existan tantos partidos se debe más a la ambición personal que a diferencias conceptuales. Es decir, hay un sólo presidente del partido, un sólo candidato presidencial abanderado del partido, y por supuesto quiero ser “yo”; si no puedo serlo, con trabajo honesto y bajo el consenso de los partidarios, pues creo otro partido… y así sucesivamente.
    O sea, señores, como yo lo veo: 1) tenemos una situación indeseable como lo es una Asamblea Nacional unicolor y genuflexa, que actúa para complacer al Presidente y no para darle calidad de vida al Pueblo.
    2) queremos revertir esa realidad y tenemos una oportunidad con las elecciones venideras, pronto.
    3) bajo todas las premisas, vemos que la mejor forma de lograrlo (o la única) es ir a esas elecciones con un mensaje único y candidatos unitarios.
    4) la forma democrática de lograrlo es que las instituciones aglutinadas bajo este paradigma, si lo desean, inscriban sus candidatos (partidos, estudiantes, colegios profesionales, etc.); y el que logre mayoría será el apoyado por todos.

    En el caso de la elección del sabor del helado: el niño sabe que se va a dar un gustazo, va a obtener su helado; el decide el sabor. Acá sabemos que nos viene una elección; pero no sabemos si se nos ofrece helado, refresco o un purgante. Y se quejan que no hay participación activa del Pueblo… “al que lo mordió macagua, bejuco le para el pelo”, reza el refranero popular.
    Vuelvo a repetir: lo difícil no es ganarse la confianza de alguien; lo realmente difícil es recobrar la confianza de alguien a quien defraudamos.
    Estamos a tiempo; pero, lamentablemente, la historia nos demuestra que las viejas estructuras sólo saben trabajar bajo el inmediatismo electorero y para saciar ambiciones personales; no saben trabajar día a día, hombro a hombro con el Pueblo, para lograr el bien común.
    Amanecerá y veremos…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: