Debilidades y Vicios

Caracas, café, Masseratti y política

Comencemos por el principio

He de confesar que cuando me siento a escribir en frente de la computadora pienso en un sinfín de temas de los que me gustaría hablar en algún momento. Cuando voy en el metro miles de ideas vuelan dentro de mi cabeza. Cuando estoy en una reunión siento que es momento de ignorarla y comenzar a escribir –relatar– lo que ahí ocurre cuando se pone en juego el derecho a elegir.

Sin embargo –y después de modificar este artículo miles de veces–, he podido concentrarme en el tema del derecho a elegir. ¿Qué pasa en Venezuela? No se trata solamente de ir a elecciones, cosa que ocurre constantemente en el país; se trata de elegir hasta lo más simple que se pueda elegir.

Lo bueno de sentarse enfrente del papel es que se pueden elegir las ideas que vienen a la mente, y entre ellas he decido hablar sobre nuestro derecho a caminar por las calles. A mí, en particular, me encanta caminar por la calle y siento que cada día me veo más limitada a hacerlo. ¿Tú no?

Defendemos la libertad de prensa, expresión, propiedad, intelectual, etc., pero, ¿alguna vez te has puesto a pensar en la libertad de tránsito? La respuesta no es «sí, cuando no nos dan un permiso para la marcha». ¡No! Se trata más bien de poder caminar por la calle, de salir de la casa a cualquier hora, de caminar por Los Palos Grandes o por Catia y sentirse igual de seguro (aunque ahorita ni Los Palos Grandes a plena luz del día es seguro).

Cuando pienso en las libertades que me están siendo cercenadas en el país, pienso en esta simple, simplísima, libertad de poder caminar tranquila a las 9 de la noche hacia el metro, salir con una amiga a tomarme un café y caminar después por algún boulevard lindo, y cosas por el estilo. Probablemente algunos pensarán que eso sí lo puedo hacer, pero, ¿cuáles serían las consecuencias? Como mínimo, ser víctima del robo.

Es un tema que va más allá de las coyunturas electorales del momento; va mas allá de si se es de un color u otro, si se vive en Caracas o en el interior, o si se es del Country del Hatillo o del Country de Petare. Lo importante en este asunto es que cada día puedo caminar menos; no tengo opción de elegir caminar, abordar un taxi o el metro, pues mi única opción a todo eso es rezarle a Diosito para que nada malo me ocurra.

Es bastante frustrante vivir de esta manera. La calidad de vida cada vez es peor, no sólo por los precios de las cosas, por los líos políticos, sino que además no puedo transitar libremente ni a pie ni en carro. Defendemos muchas cosas, pero comencemos por el principio: no podemos ni caminar tranquilamente. La inseguridad nos gobierna.

Yo quiero vivir en libertad, pero resulta que se me puso difícil la cuestión. Si te ha sucedido algo similar a mí, te doy la opción a que te unas a iniciativas (hay muchas) para que pongamos un granito de arena, propongamos nuevas medidas ante la Asamblea, alcaldías, urbanizaciones, porque todavía hay pequeños lugares en los que puedes elegir las opciones que tú creas correctas. Puedes decidir. No dejes que otros tomen el control por ti. Y tú, ¿qué eliges?

Así vivimos hoy en día en Venezuela

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